Sube el IVA: ¿adiós al cine-teatro?

New York Movie, Edward Hopper, 1939

«Dentro de poco, ni para pagarte el café, Jose». Se lo escuché decir ayer mismo al dueño de un pequeño cine de mi ciudad, acodado en la barra de uno de mis bares preferidos. El bueno del camarero le miraba con la comprensión de quien también está notando el bajón del negocio. ¿Entienden ahora la razón de traer a colación a Hopper? Preocupado, el empresario-cinéfilo destilaba en esa frase el negro futuro que parece esperarles a las salas de cine más débiles. Ahora que ha subido el IVA, ¿se estará muriendo el cine-teatro?

Quizás sea conveniente, antes de nada, darles dos pinceladas sobre lo que entiendo por ‘cine-teatro’. Cuando me preguntan por qué se acepta el inicio de la historia cinematográfica en 1895, concretamente el 28 de diciembre, la respuesta es clara: los Lumière hicieron una proyección pública. Su invento, a diferencia del kinetoscopio de Edison, permitía que las películas fuesen disfrutadas por el grupo, por la colectividad que acudía a un recinto. Los aparatos se depuran, y también los salones de cine. En Francia se abren por doquier; en Estados Unidos nacen como setas los nickelodeones, espacios de dimensiones más o menos reducidas donde se exhibían películas por una moneda de cinco céntimos. Haciendo el cambio desde 1910 a ahora… alrededor de un euro. Casi nada.

Fíjese, querido lector, que la historia del cine viene marcada por el hecho de acudir a un lugar con una pantalla y asientos. Un lugar para el público, para la comunidad. Los nickelodeones cerrarán para dejar paso a los grande cines, verdaderos palacios de la cultura occidental contemporánea. Cientos de butacas, una cortina roja que se abre y… ¡comienza el espectáculo! Se hace el silencio, se puede percibir la respiración del vecino mientras el antagonista avanza contra la chica. Así era el cine, así ha sido siempre.

Llegó la televisión, y la industria tuvo que contraatacar para que la gente siguiera optando por ir al ‘movie theater’. Se inventan Cinerama y otros grandes formatos, más espectaculares. Contuvieron la caída. Pusieron palomitas y refrescos para mantener la cota de ganancias. El 3D sigue ese camino de innovación para prevenir la desbandada casera del público. Pero los exhibidores también tienen enemigos externos: la subida del IVA.

Atrás quedan esos días de ‘La rosa púrpura de El Cairo’, días en que la crisis brutal golpeaba la vida de los americanos y estos se refugiaban en las salas de cine, contentos de contar con un aliado tan poderoso en el que descansar sus penas. El cine ha sido siempre una vida de repuesto, como le gusta decir al maestro Garci. Pero ahora por el precio de un euro no ves una película. ¡Un euro es lo que vamos a tener que pagar de más con esta subida del IVA!

De ahí la reflexión. Toda esta crisis llevará muy probablemente a un cambio en el modelo de negocio. ¿Cómo se las arreglarán los empresarios cinematográficos para crear productos competitivos y que gusten? ¿Se seguirá apostando por la sala de cine o se irá desmantelando el sistema para pasar a un cine doméstico, individual, privado? También se abre la puerta a que vuelvan los cine de re-estreno. Quizás sólo los multicines sobrevivan, con el 3D y las cintas de acción más espectaculares.

Hemos sido testigos del cierre de pequeñas salas en los últimos años. Ir al cine lleva demasiado tiempo siendo un lujo y no hay tarta para todos. La crisis se ha ventilado muchas iniciativas de cajas de ahorros y otras instituciones que fomentaban el cine con pases a un euro. Era un buen agarradero para el cinéfilo y está desapareciendo igualmente.

Así las cosas, no dudo de que el cine pervivirá. Es sueño y esperanza, entretenimiento y belleza. El hombre no va a renunciar a ese tipo de cosas. Pero quizás… quizás los caminos de la cinematografía conduzcan a un concepto mucho menos romántico, menos apetecible. Adoro el simbolismo y la pureza de ese cine-teatro: programar la cita, comprar la entrada, entrar en el patio de butacas con su olor a palomitas, esperar paciente; el chorro de luz del proyector sobre las cabezas, la gran pantalla que es ventanal abierto a los sueños. Y comentar a la salida, viendo que se ha hecho de noche en la ciudad mientras tú estabas allí dentro. Oir a las parejas y grupos opinar, debatir… Yo veo muchas películas en casa, pero no es lo mismo. Ni parecido.

2012-07-17T11:11:37+00:00 Tribuna|Sin comentarios

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