Nolan y Fincher, directores de obsesiones

Como les anunciaba hace unas jornadas en una reseña dedicada a ‘El truco final – El prestigio’, he querido hacer un recorrido por la filmografía de Christopher Nolan y David Fincher, dos directores que se parecen en algunas cosas. En primer lugar, pertenecen al grupo de directores de primera. Dos cineastas potentes en Hollywood, de lo mejor que hay ahora mismo. Si quitamos de la ecuación a los que se van haciendo viejos (Scorsese, Spielberg, Allen, Eastwood), Nolan (n. 1970) y Fincher (n. 1962) son la élite de la generación joven. Me estoy refiriendo a la gente que está en la cuarta década de su vida. Podríamos meter en esa categoría a realizadores de éxito como Peter Jackson, Michael Bay, Sam Mendes o Darren Aronofsky (nacidos entre 1961 y 1969). Sacaríamos del grupo a directores como Joel Coen o James Cameron (ambos de 1954). De todos estos jóvenes, Nolan y Fincher son ahora mismo lo más sólido y reluciente. Añadido a esta circunstancia generacional, ambos comparten un estilo muy personal y la característica que justifica este artículo: Nolan y Fincher son directores de obsesiones.

Nolan, pura obsesión

He llegado a la conclusión, después de haber visto toda la filmografía de Christopher Nolan, que al director británico le obsesiona la obsesión. Tanto si ponemos el inicio de su carrera en ‘Doodlebug’ -un corto surrealista y angustioso sobre la existencia- como si elegimos su largo de debut ‘Following’ (rodado con un poco de dinero prestado y en 16 mm), vemos que Nolan no ha dejado de perseguir historias de hombres obsesionados. En ‘Memento’, Guy Pearce es un hombre roto por la pérdida de su mujer que llevará su obcecación hasta el fin. En ‘Insomnio’, veremos sufrir a Al Pacino, mientras persigue a un asesino lleno de método. Más tarde llegaron las películas de Batman. De momento lleva dos y una tercera anunciada. Esto es un sí mismo sintomático. Quien haya visto las películas sabrá del tratamiento que Nolan hace del personaje. Bruce Wayne vive de la obsesión. Quiere vengar a su familia, lograr acabar con el crimen en Gotham. Desde luego su último éxito, ‘Origen’ (‘Inception, 2010), es una historia de obsesión. El personaje de DiCaprio, Cobb (nombre del ladrón de ‘Following’, por cierto) está completamente trastocado por el amor de su mujer y por esa especie de ‘enemigo interior’ que acarrea.

 

Las historias de Nolan son siempre laberínticas, polifacéticas, e involucran a sus personajes de un modo tal que todo se fusiona. La omnisciencia del protagonista es la clave. Su problema, su razonamiento, su circunstancia. La historia solo siente sentido si pensamos desde la óptica del protagonista. Para el espectador, las películas de Christopher Nolan son complejas y oscuras tramas. Pura obsesión donde –para la gente normal- debería existir una luz diáfana.

 

Fincher, la mirada singular

Hay otro director que compite últimamente con Nolan por el éxito en taquilla y por llevarse galardones. Otro director con una estética y una narrativa muy personal y que también cuenta historias curiosas y hasta raras: David Fincher. Se podría decir que Fincher también suele hacer películas de obsesiones. Tenemos ‘El club de la lucha’, ‘Seven’, ‘The Game’, ‘Zodiac’ o ‘La red social’ como ejemplos de ello. Ahora Fincher anda liado con el remake de ‘House of Cards’: más obsesión. Es cierto que el estilo sutil de Fincher tal vez no nos enganche del mismo modo a las ofuscaciones de los personajes, siendo las películas de Nolan más inmediatas, llegándonos los delirios de forma más viva, con su montaje brioso.

 

Para Fincher, las cosas van de otra manera. Podemos elegir el ejemplo que queramos, pero lo que solemos ver es a un tipo –o varios- atrapados por una lógica muy reducida. Sea el objetivo atrapar a un asesino en serie (‘Seven’, ‘Zodiac’) o resolver un problema personal que atenaza la propia vida (‘El increíble caso de Benjamin Button’ o ‘The Game’), los protagonistas de Fincher están anquilosados en su problema. Son personajes vivos solamente en la medida que respiran el aire rancio de sus enigmas y dificultades.

 

De un modo sutil, con esa especial mirada, Fincher aleja pretendidamente a los personajes –que solo miran hacia sus ligaduras- del espectador, que observa lo que hacen los personajes sin lograr una plena identificación con ellos. Esto pasa especialmente en las cintas más frías de Fincher, como ‘Benjamin Button’, ‘Zodiac’ o ‘La red social’.

 

Estamos esperando el remake de ‘House of Cards’, con Kevin Spacey. La trama le viene ver a Fincher para desplegar todo su catálogo de obsesiones con un escenario de luchas por el poder político con las más oscuras artes.

2011-08-17T15:03:42+00:00 Tribuna|Sin comentarios

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