Tribuna

Opiniones y comentarios sobre cine.

Sube el IVA: ¿adiós al cine-teatro?

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New York Movie, Edward Hopper, 1939

“Dentro de poco, ni para pagarte el café, Jose”. Se lo escuché decir ayer mismo al dueño de un pequeño cine de mi ciudad, acodado en la barra de uno de mis bares preferidos. El bueno del camarero le miraba con la comprensión de quien también está notando el bajón del negocio. ¿Entienden ahora la razón de traer a colación a Hopper? Preocupado, el empresario-cinéfilo destilaba en esa frase el negro futuro que parece esperarles a las salas de cine más débiles. Ahora que ha subido el IVA, ¿se estará muriendo el cine-teatro?

Quizás sea conveniente, antes de nada, darles dos pinceladas sobre lo que entiendo por ‘cine-teatro’. Cuando me preguntan por qué se acepta el inicio de la historia cinematográfica en 1895, concretamente el 28 de diciembre, la respuesta es clara: los Lumière hicieron una proyección pública. Su invento, a diferencia del kinetoscopio de Edison, permitía que las películas fuesen disfrutadas por el grupo, por la colectividad que acudía a un recinto. Los aparatos se depuran, y también los salones de cine. En Francia se abren por doquier; en Estados Unidos nacen como setas los nickelodeones, espacios de dimensiones más o menos reducidas donde se exhibían películas por una moneda de cinco céntimos. Haciendo el cambio desde 1910 a ahora… alrededor de un euro. Casi nada.

El cine alemán de entreguerras

Curiosidades, Tribuna|

Alemania, una guerra y un cine

 

Era el día 11 de noviembre de 1918. Un grupo de hombres se sentaba en el vagón de un tren, cerca de Compiègne. El destino de este tren era el armisticio, firmado por las partes involucradas en la Primera Guerra Mundial. Este sería el comienzo de un periodo terrible para Alemania. Tras la firma del armisticio llegaría la Paz de Versalles, momento trágico en el que los aliados, vencedores de la guerra, impusieron unas disposiciones económicas que eran, en palabras de Winston Churchill, “tan perversas y tan absurdas que evidentemente resultaron fútiles. Condenaban a Alemania a pagar unas indemnizaciones fabulosas. Estos dictados eran una manifestación de la ira de los vencedores”. 

No se puede pasar sin reseñar el aspecto puramente económico de este momento, pero no es el único elemento que nos ha de importar. Las repercusiones netamente políticas (señalar el proceso de desintegración del imperio astrohúngaro en virtud de los tratados de Saint-Germain y Trianón, a modo de ejemplo gráfico) que arrastran a la desesperación al pueblo alemán, nos interesan sobremanera.

Dado que nuestro objetivo es comprender la cinematografía de estas primeras décadas del siglo XX, debemos acercarnos por completo al interior del alma alemana. Seguiremos para esto las aportaciones del teórico Siegfried Kracauer, publicadas en su obra ‘De Caligari a Hitler. Una historia psicológica del cine alemán’.Este relato debe ser iniciado, cuando menos, en aquellos años previos a la guerra.

‘The Artist’, ¿caballo ganador?

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Ha sido nominada para ganar el Oscar a la Mejor película de 2011. Diez nominaciones en total. ‘The Artist’ tiene un enorme potencial para llevarse al galardón. Analizaremos brevemente sus mayores virtudes y sus más preocupantes rémoras. El saldo parece más que positivo. Es muy probable que ‘The Artist‘ logre alzarse victoriosa. Ha gustado mucho a quien la ha visto. Ha emocionado a la crítica y al público con su mudo homenaje al cine.

‘The Artist’ es ante todo una maravillosa película. Posee una estética hermosa, dulce y alegre pese a la adversidad con la que se topa su protagonista, George Valentin. Este actor de éxito, representante máximo de una época muda, la de los años veinte, en la que la gente vibró con las peripecias de estos héroes de la pantalla, galanes todos. Vamos con los pros y los contras:

Las 10 mejores pelis que he visto en 2011

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Se acaba el año. He podido ver unas cuantas películas en 2011. Bueno, un buen puñado, en realidad. Me ha dado la idea Alex Lozano, que ha publicado su lista de las mejores películas que se ha ventilado este año. Con mucha pena por las que se quedan fuera siendo obras maestras, aquí le dejo, querido lector, mi selección: Las 10 mejores películas que he visto en 2011:

  • De dioses y hombres (Xavier Beauvois, 2010)
  • El secreto de sus ojos (Juan José Campanella, 2009)
  • En el calor de la noche (Norman Jewinson, 1967)
  • Los mejores años de nuestra vida (William Wyler, 1046)
  • Breve encuentro (David Lean, 1945)
  • Laura (Otto Preminger, 1944)
  • El último refugio (Raoul Walsh, 1941)
  • El puente de Waterloo (Mervyn LeRoy, 1940)
  • Las uvas de la ira (John Ford, 1940)
  • El nacimiento de una nación (D. W. Griffith, 1915)

¡Les deseo Feliz 2012 y mucho Cine!

Nolan y Fincher, directores de obsesiones

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Como les anunciaba hace unas jornadas en una reseña dedicada a ‘El truco final – El prestigio’, he querido hacer un recorrido por la filmografía de Christopher Nolan y David Fincher, dos directores que se parecen en algunas cosas. En primer lugar, pertenecen al grupo de directores de primera. Dos cineastas potentes en Hollywood, de lo mejor que hay ahora mismo. Si quitamos de la ecuación a los que se van haciendo viejos (Scorsese, Spielberg, Allen, Eastwood), Nolan (n. 1970) y Fincher (n. 1962) son la élite de la generación joven. Me estoy refiriendo a la gente que está en la cuarta década de su vida. Podríamos meter en esa categoría a realizadores de éxito como Peter Jackson, Michael Bay, Sam Mendes o Darren Aronofsky (nacidos entre 1961 y 1969). Sacaríamos del grupo a directores como Joel Coen o James Cameron (ambos de 1954). De todos estos jóvenes, Nolan y Fincher son ahora mismo lo más sólido y reluciente. Añadido a esta circunstancia generacional, ambos comparten un estilo muy personal y la característica que justifica este artículo: Nolan y Fincher son directores de obsesiones.

Una dieta cinéfila

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Van Damme y John Ford no son incompatibles, todo es cine


Tras muchos requerimientos por parte de Edu González, finalmente me animo a participar de forma activa en “Vivir el Cine”. Al ser ésta mi primera entrada, más que empezar con la crítica de alguna película, prefiero exponer la idea que tengo del Cine, mi visión personal.

Para mí el Cine supone un modo de vida. En “El secreto de sus ojos” de Campanella vemos lo importante que es la pasión de uno, pues define su vida y es inmutable, más que una profesión o una afición para pasar el rato. Aunque es cierto que las pasiones suelen encauzarse en aficiones, y quien tiene suerte, en su profesión también, alcanzando, supongo, algo muy parecido a la felicidad.

En mi caso, esta pasión posiblemente sea el Cine. Hay quien diría que tengo más, sobre todo si veis mi blog personal  –actualmente bastante abandonado–, pero es posible que, comparados con el Cine, sean nada más que aficiones ligeras, intereses más o menos profundos… pasatiempos.

Pero el Cine lo percibo de una forma que pudiera considerarse burda por algunos entendidos. Me explico. Pienso que una persona como yo, que entiende el Cine como una necesidad vital, tiene que ver una cantidad bastante elevada de películas en su dieta. Lógicamente, esto nos lleva a una progresiva reducción de la calidad media de las películas que nos faltan por ver, puesto que nos llevamos a los ojos en primer lugar las que creemos mejores de entre las que nos apetecen.

A mí me gusta el western

Tribuna, Western|

“Go West, young man” (Horace Greeley)

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Ni tengo cincuenta años ni me echo la siesta. Yo no vi de niño maratones del oeste ni jugué a indios y vaqueros con mis amigos. Pertenezco a una generación que ve con reparo las películas en blanco y negro y todo ese polvo que levantan las carretas. Yo tenía un compañero en el colegio que amaba el western. Atesoraba en un armario de su habitación (yo lo vi) centenares de VHS del ‘far west’. Les aseguro que a todos nos parecía un tipo extrañísimo. Pues bien, ahora se podría decir que yo estoy en una posición parecida. Poco a poco he ido conociendo a fondo uno de los géneros mayores del cine. He visto a Peckinpah y a Ford, a Hawks, a Wellman y a Walsh. He visto a Eastwood, a Ray, a Sturges, a Curtiz, a Leone, a Hathaway. Efectivamente, a mí me gusta el western.

Parto de la base de que el género es difícil. A muchos les parecerá arcaico y aburrido. Mucho bien han hecho los pases del oeste en Televisión Española -y más recientemente en Telemadrid- (algunos aprovecharon para conciliar el sueño entre trotes de caballería y tiros de Henry Fonda). Pero también han producido el efecto perverso de que muchos jóvenes vean el western como algo pasado de moda, las películas que veían sus padres cuando las películas eran aburridas. En blanco y negro o con colores desvaídos. Las mujeres iban vestidas, por favor…