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Crítica: ‘Un final Made in Hollywood’ de Woody Allen

Me he divertido con muchas películas a lo largo de estos años; con algunas he reído a carcajadas. El cine está cargado de chistes, situaciones disparatadas y graciosos movimientos de los personajes. Desde Buster Keaton a Jack Lemmon. Con Woody Allen, con sus comedias, esto me ha sucedido a menudo.  Ha sido la última vez al ver ‘Un final Made in Hollywood’, una cinta que pronto cumplirá los diez años de vida.

Probablemente sea justo decir que ‘Un final Made in Hollywood’ es un gran chiste. ¿Saben ese del aclamado cineasta que es un neurótico y hace una ceguera nerviosa y rueda la peli sin ver nada? Pues algo así es esto. Precisamente por aquí flojea, porque todo es una gran broma al servicio de la sátira de unos profesionales del cine que, en muchas ocasiones, son unos auténticos gilis. A la cinta le falta más historia, pero como le sobra diversión funciona estupendamente.

Nolan y Fincher, directores de obsesiones

Como les anunciaba hace unas jornadas en una reseña dedicada a ‘El truco final – El prestigio’, he querido hacer un recorrido por la filmografía de Christopher Nolan y David Fincher, dos directores que se parecen en algunas cosas. En primer lugar, pertenecen al grupo de directores de primera. Dos cineastas potentes en Hollywood, de lo mejor que hay ahora mismo. Si quitamos de la ecuación a los que se van haciendo viejos (Scorsese, Spielberg, Allen, Eastwood), Nolan (n. 1970) y Fincher (n. 1962) son la élite de la generación joven. Me estoy refiriendo a la gente que está en la cuarta década de su vida. Podríamos meter en esa categoría a realizadores de éxito como Peter Jackson, Michael Bay, Sam Mendes o Darren Aronofsky (nacidos entre 1961 y 1969). Sacaríamos del grupo a directores como Joel Coen o James Cameron (ambos de 1954). De todos estos jóvenes, Nolan y Fincher son ahora mismo lo más sólido y reluciente. Añadido a esta circunstancia generacional, ambos comparten un estilo muy personal y la característica que justifica este artículo: Nolan y Fincher son directores de obsesiones.

Stallone entra en la tercera edad

Stallone cumple 65 años

 

Héroe de acción, especialmente a raíz de ‘Rocky’ (1976) y hasta bien entrada la década de los noventa. Figura clave de la cultura norteamericana contemporánea y referencia indiscutible entre los amantes de las pelis de tiros y golpes. Sylvester Stallone, AKA Sly, se ha ganado su fama a pulso, a base de esfuerzo, como Balboa. Hoy cumple 65 años. Mucho ha pasado desde aquellas películas pornográficas (‘Party at Kitty and Stud’s', rebautizada luego como ‘The Italian Stallion’, el alias de Rocky) y desde aquel trabajo limpiando las jaulas de los leones.

Stallone empezó a trabajar en el cine en los setenta, haciendo de extra y particpando en ‘Bananas’ (Woody Allen). Sus primeras líneas de guión, en 1974. En ‘The Lords of Flatbush’ ayudó en los diálogos de aquella historia de bandas. Pero el éxito le llegó con ‘Rocky’. Sylvester Stallone obtuvo dos nominaciones a los Oscar: Mejor actor y Mejor guión. Se hizo millonario. Parte lo dedicó a sus parientes. Según comentó: “Toda mi familia se retiró el día en que hice ‘Rocky’”.

‘Midnight in Paris’, la horma de su zapato

Bien, pues por fin saqué un rato para ir a ver ‘Midnight in Paris’. He tardado tiempo, pero el último estreno de Woody Allen no me ha dejado indiferente. ¡Diablos, me ha encantado! Creo que el director de Nueva York ha logrado hallar la horma de su zapato. ‘Midnight in Paris’ pertenece a ese grupo de películas de Allen que trabajan el tema de los recuerdos, de los tiempos pasados. Yo las denominaría ‘películas de añoranzas’, subgénero (que acabo de inventarme) perfectamente representado por esta película.

Para los que aún no conozcan el argumento: Gil es un escritor. Bueno, escribe guiones en Hollywood. Lo hace bien, pero no es lo que desea. Quiere hacer una novela de verdad, literatura pesada. Él ama a T. S. Elliot, a Hemingway y a Scott Fitzgerald. Y toda esa gente pisó París, vivió allí y se empapó de sus calles y sus máquinas de escribir fueron testigos de su inspiración. Cada cual la suya, pero todas en la Ciudad de las Luces. Así que ahí está Gil, en París, con su hermosa prometida Inez y los ricos y conservadores padres. Y entonces, una noche, la magia envuelve a Gil, que deambula por las calles anhelando haber vivido en los años veinte. Cada noche, Gil accederá a un mundo único donde conocerá a sus heroes.

Todo lo demás (Woody Allen, 2003)

 

Como en la industria enológica, también en el cine hay cosechas regulares y otras excelentes. Para los cinéfilos, no las hay malas. Siempre hay joyas y pelis notables que nos hacen disfrutar, y nos sentimos satisfechos. Pero hay años flojos, como el 2003. Hay que rebuscar fuera de lo popular para encontrar cosas verdaderamente buenas. Comentaré una película que encaja con el general clima de esa añada. ‘Todo lo demás’ (‘Anything else’) es interesante, pero de gusto impreciso en la boca, a pesar de algún matiz de frutas.

 

Woody Allen mantiene la línea de la comedia romántica discreta y jovial. Para el papel protagonista elige a Jason Biggs, que está francamente bien, divertido, muy en el papel yo creo. La chica (siempre ha de haber una chica) es Christina Ricci. Primera y única participación de ambos en una película de Woody Allen. Sería ir demasiado lejos hablar de las razones, pero no está de más hacerse la pregunta.

Estreno: ‘Midnight in Paris’, de Woody Allen

Este viernes, día 13 para más señas, se estrena una de las películas esperadas de este año 2011. Woody Allen continúa en su inquebrantable tarea cinematográfica. Ese director que no abandonó Nueva York por décadas se encuentra en estos últimos años viajando por Europa, rodando y rodando (es un juego de palabras). Le vimos por Londres (‘Match Point’, ‘Scoop’, ‘Conocerás al hombre de tus sueños’), filmó en España (‘Vicky Cristina Barcelona’) y ahora nos ofrece ‘Midnight in Paris’ (o ‘Medianoche en París’); el año que viene, ‘The Wrong Picture’, en Roma.

Algunos aducen que Woody Allen ha contratado con un ‘tour operator’, que está disfrutando de una suerte de vacaciones. A su manera, haciendo cine. Hace casi medio siglo, Allen trabajó en París, en el rodaje de su primera película como guionista y actor: ‘What’s new, Pussycat’. Más tarde, allá por el año 1996, el director neoyorkino filmó parte de su ‘Todos dicen I love you’ en la capital francesa. Allen vuelve ahora, cámara en ristre, enfocando el Sena. Echando la vista sobre el tiempo que ha pasado desde aquello opina: “Podría haberme quedado [en París]. (…) Pero no lo hice, y me arrepiento”.  Siempre nos quedará París, querido Woody. ¿Qué tienes que contarnos?