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Crítica: ‘Viaje a Darjeeling’, de Wes Anderson

-Así que con billete de tercera y viajando en segunda, ¿eh?

-Oiga, ¡y que voy de primera!

Me encantó “Los Tenenbaums”(2001), me pareció una pequeña genialidad a pesar de su final complaciente, así que no tardé en hacerme con otra pieza famosa de Wes Anderson, (que estrena nuevo proyecto este año, “Moonrise Kingdom”), “Viaje a Darjeeling” (2007). Y me equivoqué.

Precedida del corto “Hotel Chevalier”, trece fantásticos minutos que funcionan a la manera de prólogo de uno de los personajes, “Viaje a Darjeeling” cuenta la historia de tres hermanos, Adrien Brody, Owen Wilson y Jason Schwartzman (quien también firma el guión junto a Anderson y Roman Coppola) que realizan un viaje a través de la India en el Darjeeling Limited, después de pasar un año sin hablarse tras la muerte de su padre. Lo que sigue se supone que es una de esas historias de secretos familiares, viejas rencillas y amor/odio fraternal que terminará (todos lo sabemos) en reconciliación. Es decir, otra aproximación de Anderson a las relaciones familiares. Pero lo que realmente nos encontramos es una serie de pretendidas escenas surrealistas intercaladas con las aburridísimas conversaciones de los tres hermanos y chistes que se repiten hasta la saciedad.

Crítica: ‘Una historia verdadera’ de David Lynch

David Lynch tenía ya numerosos detractores cuando estrenó ‘The Straight Story’ en Cannes, edición de 1999. Cronológicamente situada entre dos verdaderas muestras de audacia y desconcierto (‘Carretera perdida’ -1997- y Mulholland Drive’ -2001-), ‘The Straigh Story’ supuso un remanso de serenidad en la obra de Lynch. El extraño director provocó dos reacciones con esta película: sus seguidores se quedaron perplejos al no encontrar en ella al excéntrico creador; por su lado, los muy críticos con sus rarezas se llevaron una grata sorpresa al toparse con una historia narrada con tanta sencillez y delicadeza. De cualquier modo, todos opinaron que David Lynch había demostrado arte y también humildad.

‘The Straight Story’ (enseguida descubrirá el lector que el título en español ‘Una historia verdadera’ es más pobre) cuenta un episodio real de la vida de Alvin Straight, un hombre de Laurens, Iowa. A sus 73 años, Straight tiene la salud tocada. Las caderas, la vista, los pulmones. Pero Alvin es un verdadero cabezota y sigue haciendo su vida sin prestarle mucha atención a sus achaques. Un día reciben una llamada: su hermano Lyle ha sufrido un ataque. Pese a que Alvin y Lyle llevan diez años sin hablarse, nuestro protagonista decide  ir a visitarle a su casa de Wisconsin. Alvin Straight emprenderá entonces un viaje de más de quinientos kilómetros ¡montado en su vieja cortacésped!

Crítica: Dos en la carretera (1967, Stanley Donen)

Dos cabalgan juntos

Recuerdo haber visto ‘Lío en Río’ (Stanley Donen, 1984) y haber pensado que esa comedia tenía algo de Woody Allen. Aquel Michael Caine abrumado por la locuacidad amorosa de la joven hija de su amigo, el ambiente festivo, los enredos. Me sirve esta tonta referencia para dar forma a la reseña de ‘Dos en la carretera’, una película que aborda de manera simpar los duros conflictos que plantea el matrimonio –o las relaciones de pareja, simplemente- a partir de la reconstrucción de la historia de dos jóvenes. Woody Allen ha hecho muchas películas interrogándose sobre este tema. En un tono menos terrible, más alegre, Stanley Donen explora el mismo camino en esta oportunidad.

 

Entre una road-movie y una comedia de romántica, ‘Dos en la carretera’ es fresca y divertida. Ella es Audrey Hepburn. Él, Albert Finney. Ese par de jovencitos se conocieron y se amaron, se casaron y fueron felices unos años. Pero las cadenas del matrimonio, siempre pesadas, arrastradas sobre la tierra hacen surcos y eso se nota con el paso del tiempo.

Crítica: Copia certificada (Abbas Kiarostami, 2010)

‘Copia certificada’ (‘Copie conforme’) es la última película del iraní Abbas Kiarostami, director de prestigio entre la crítica oficial y que ha conseguido llevarse con este film su segunda Espiga de Oro (la primera fue por ‘A través de los olivos’ –SEMINCI 1994-). La vi en su momento en una sala comercial, y tomé algunas notas, por si me decidía a discutir la opinión establecida sobre ella.

A pesar del júbilo con que el jurado del Festival de Valladolid acogió esta película, yo me veo en la obligación de ponerle pegas, porque deja mucho que desear, desmereciendo así el valor de la Espiga que se le ha otorgado. Conste que suelo esforzarme en mirar con mayor cuidado allí dónde los que saben más que yo han visto algo importante (como todos, trato de aprender), pero en esta ocasión, me siento desbordado.

El principal escollo de ‘Copia certificada’ parece ser la falta de calidez, el tono duro y esas maneras de documental. Lo siento mucho, pero al igual que el teatro no es lo mismo que la novela, tampoco el documental es cine. Yo no sé si el realizador ignora este punto o es que nos encaminamos hacia una renovación del arte cinematográfico en este sentido. Pero esa es otra historia. Tampoco entro a valorar las semejanzas con ‘Te querré siempre’ y el asunto Rossellini.

Crítica: Náufragos (1944, Alfred Hitchcock)

La tabla de salvación

Hace unos meses nos sorprendíamos con ‘Buried’ (‘Enterrado’). ¿Es posible enganchar al espectador con hora y media de un personaje en un ataúd?, nos preguntábamos todo. La solución: si se conocen las reglas del cine y se saben ejecutar, todo es posible. Y si hubo un director que dominaba norma y arte del suspense, ese fue Hitchcock. Hace casi setenta años de este experimento que sin duda dio que hablar.

 

Durante una travesía, en plena guerra, un buque mercante aliado es alcanzado por los submarinos alemanes. El desastre es absoluto y solo un grupo de supervivientes logra alcanzar una pequeña barca, cobijo y esperanza. Son ocho. O mejor dicho, siete más un marinero alemán. Juntos tendrán que mantenerse con vida hasta el rescate, manejando todos los problemas y las tensiones inevitables, máxime cuando uno de los pasajeros de este crucero tan poco lujoso se contaba hasta hace unos momentos en las filas del enemigo que ha hundido su barco. En ‘Náufragos’, Alfred Hitchcock coloca todo su carácter para lograr una hermosa película sobre la psique humana.

Crítica: Caravana de paz (1950, John Ford)

El camino hacia el oeste

Fotograma de la película 'Caravana de paz', de John Ford

Orson Welles, preguntado por sus influencias, dijo una vez: “Me gustan los antiguos maestros, y con esto quiero decir: John Ford, John Ford y John Ford”. El realizador de ‘Ciudadano Kane’ vio cuarenta veces ‘La diligencia’ de Ford -a quien llamaba poeta- antes de comenzar el proyecto que le haría célebre (y que perdió en los Oscar precisamente ante una película de Ford, ‘¡Qué verde era mi valle!’ ). La reseña que traigo hoy pertenece a una de esas obras maestras fordianas que enamoran a primera vista; no hace falta que seas Orson Welles para reconocer en Ford a un cineasta maravilloso, de lo más grande que han dado los tiempos.

Producida por Argosy Pictures, la compañía del propio Ford, ‘Caravana de paz’ (‘Wagon Master’) es uno de los trabajos más personales del maestro, que fue también productor ejecutivo y guionista de esta historia (en los créditos aparecen como escritores Frank Nugent y Patrick Ford, pero el director hizo suyo el guión, introduciendo “cortes brutales”, tal y como reconociera Nugent). En su sencillez es una obra de arte, un verdadero deleite para el espectador. La historia no puede ser más humilde: un grupo de mormones, guiados por dos jóvenes ganaderos de caballos, forman una caravana en busca de tierras al oeste. Todo es característicamente fordiano: la idea de comunidad, los vastos espacios abiertos, las grandes dosis de humor, el tono magnífico, casi bíblico y una belleza tremenda a la hora de mostrar las relaciones humanas.

Critica: ‘Camino a la Libertad’ (2010, Peter Weir)

Recalculando la ruta

El australiano Peter Weir firmó en 2003 la magnífica ‘Master and Commander’ (que pude ver el fin de semana de su estreno en una sala de Pennsylvania, por cierto) y desde entonces nos ha tenido a la espera de nuevos trabajos. Lo que nos presenta ahora, siete años después, es una cinta de aventuras que se llama ‘Camino a la Libertad’ (‘The Way Back’), la narración de la verdadera historia de unos tipos que en 1940 escaparon de un gulag en Siberia, atravesando miles de kilómetros hasta la seguridad de la India británica.

Tras los tráiler de dos películas manifiestamente mejorables (‘El santuario’ y ‘Red’), lo que apareció en pantalla empezó, de menos a más, a trabarme. El planteamiento habitual de este tipo de películas de escape o supervivencia ha sido alterado con criterio por Peter Weir. Inspirado en el libro de Slavomir Rawicz ‘The Long Walk: The True Story of a Trek to Freedom’, el relato del periplo está tratado con especial cuidado. Lo relevante no son las biografías, sino el hecho del viaje –lo que no justifica que los personajes necesiten algo más de cuerpo-. Este punto me parece un acierto, porque elimina mucha carga dramática que hubiera convertido a ‘Camino a la Libertad’ en más de lo mismo, un grupo de personas que se sobreponen a la adversidad y logran, otra vez, la gran evasión. Por decirlo rápidamente, hubiera quedado “demasiado americano”.