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Programa doble: Fortalezas volantes

B-17 Flying Fortress

Grandes aviones, con bravas tripulaciones. Bombarderos listos para atacar ciudades y factorías. Los cielos de la Segunda Guerra Mundial, el escenario por antonomasia de estos aparatos a los que se dio en llamar “fortalezas volantes”. Diez, quince toneladas en vació. Diez hombres en su interior. Cuatro motores capaces de hacer volar este aparato a diez kilómetros del suelo.

He elegido un par de películas que que ilustran la época y el espíritu de la “crew” de un B-17. Una de la época, de Howard Hawks y con el escenario del Pacífico. Otra más moderna, de 1990. La maravillosa historia de la última misión del celebérrimo bombardero ‘Memphis Belle’, que voló sobre Europa. De paso, hablaremos de William Wyler y de John Ford.

‘El sargento negro’: hermosa puesta en escena (y algo más)

 

Amigos, el otro día estuve viendo (otra vez) ‘El sargento negro’ (‘Sergeant Rutledge’, John Ford, 1960) y me di cuenta (de nuevo) de la mano que tenía el maestro Ford para crear las más bellas imágenes. Siendo una película considerada menor dentro de la filmografía fordiana, ‘El sargento negro’ me parece de una solidez tremenda. Un western precioso. Bien contado, a base de flashbacks -doce-. Es el juicio de un soldado negro acusado de doble asesinato y violación.  Un hombre considerado como bueno y fiero combatiente. El juicio al soldado ejemplar. Pero el sargento es un hombre negro.

Voy a ir desgranando la historia -procurando no estropearla-, mostrando mediante fotogramas la hermosura que consigue Ford con sus encuadres y sus luces, logrando bellas secuencias tanto de interiores como de exteriores. La fotografía en color, expresionista, genera sombras que envuelven a los personajes; los paisajes, que siempre en Ford denotan libertad -una compenetración entre el hombre y la naturaleza-, en esta ocasión se ven subordinados a la extraña y subjetiva mirada de unos personajes agarrotados. La película se desarrolla del siguiente modo. El abogado defensor llega al fuerte, donde todos le esperan para que de comienzo el consejo de guerra.

10 películas con sabor a México

Angel: Mexico Lindo.
Lyle: I don’t see nothin’ so ‘lindo’ about it.
Tector: Just looks like more Texas far as I’m concerned.
Angel: Aw, you don’t have no eyes!

‘Grupo Salvaje’ (‘The Wild Bunch’, 1969, Sam Peckinpah)

 

He querido hacer una sucinta recopilación de películas que tienen en común no sólo estar ambientadas en México, sino además estar habitadas por yanquis a los que la vida les ha llevado al otro lado. Reverendos alcohólicos, aventureros empedernidos, funcionarios descarriados, forajidos implacables, militares ácratas. La frontera de México parece el momento culminante del viaje para muchos desadaptados norteamericanos y esto ha quedado recogido en numerosas cintas. Traigo una pequeña selección de títulos de entre todos los posibles. A través de estas diez películas –todas buenas, algunas obras maestras- podremos comprobar ese sentimiento particular del extranjero que huye, busca, ansía o sencillamente se toma un respiro en un país tan distinto por cultura y desarrollo. No me extiendo más, vamos al lío (por orden cronológico):

Crítica: Cuna de héroes (1955, John Ford)

Medalla de Honor


Ford se cuela en West Point para ofrecernos una inteligente y emotiva película, de temática recurrente en la filmografía del maestro: la vida militar y los deberes impuestos por la comunidad. ‘Cuna de héroes’ (‘The Long Gray Line’) es además un cuidado alegato antibelicista: Marty Maher, un inmigrante irlandés, ha gastado su vida instruyendo a jóvenes para ir a la guerra. Este es su drama: mientras ve cómo la vida pasa para él, sólo encuentra consuelo en convertirse en el falso padre de los nuevos cadetes, que siguen desfilando. A pesar de haber formado a grandes militares, como al general Eisenhower (interpretado por Harry Carey Jr.), más de una vez querrá renunciar, coger a su esposa y buscar otra vida. Pero el deber le ata. Al final, todos los personajes de esta película desean permanecer unidos a West Point, seguros detrás de sus muros y su tradición.

Basada en la autobiografía de Marty Maher, Bringing Up The Brass: My 55 Years at West Point, es la primera película que Ford rodó en Cinemascope. Tiene en su haber dos brillantes interpretaciones, la de Tyrone Power (Marty) y la de Maureen O’Hara (su mujer). Ambos forman un amoroso matrimonio y las escenas en que están juntos son todo calidez y empatía, una muestra de la delicadeza que Ford poseía debajo de su apariencia árida y desagradable.

John Ford, el hombre y su cine – Tag Gallagher

'John Ford, el hombre y su cine'

¿Sabía que John Ford fue herido durante la Segunda Guerra Mundial y alcanzó el rango de contralmirante? ¿Cómo trataba Ford a sus actores? ¿Eran él y Wayne amigos íntimos? ¿En qué películas intervino el barco del director, el Araner? ¿Quiénes fueron los maestros de Ford? ¿Y porqué John Martin Feeney cambió su nombre por el de John Ford? ¿Cuál fue su relación con Katherine Hepburnn? Un texto como éste, amplio y escrito por un verdadero entusiasta del cine fordiano, da respuesta a todas éstas preguntas y casi a cualquier otra que podamos tener sobre la vida y obra del que para muchos es el mejor realizador de todos los tiempos.

‘John Ford. El hombre y su cine’, es uno de los textos de referencia para acercarse a la vida y a la obra del maestro del cine estadounidense. Las dos cosas a un tiempo. En eso acertó su autor, Tag Gallagher (escritor de ‘The adventures of Roberto Rossellini’ y estudioso de otros grandes del cine americano como Hitchcock, Hawks, King Vidor, Otto Prerminger, Douglas Sirk, von Sternberg, Raoul Walsh o Sam Fuller), cuando en 1986 publicó su análisis sobre John Ford. La edición que se editó en 2009 en nuestro país ha sido revisada.

Crítica: Caravana de paz (1950, John Ford)

El camino hacia el oeste

Fotograma de la película 'Caravana de paz', de John Ford

Orson Welles, preguntado por sus influencias, dijo una vez: “Me gustan los antiguos maestros, y con esto quiero decir: John Ford, John Ford y John Ford”. El realizador de ‘Ciudadano Kane’ vio cuarenta veces ‘La diligencia’ de Ford -a quien llamaba poeta- antes de comenzar el proyecto que le haría célebre (y que perdió en los Oscar precisamente ante una película de Ford, ‘¡Qué verde era mi valle!’ ). La reseña que traigo hoy pertenece a una de esas obras maestras fordianas que enamoran a primera vista; no hace falta que seas Orson Welles para reconocer en Ford a un cineasta maravilloso, de lo más grande que han dado los tiempos.

Producida por Argosy Pictures, la compañía del propio Ford, ‘Caravana de paz’ (‘Wagon Master’) es uno de los trabajos más personales del maestro, que fue también productor ejecutivo y guionista de esta historia (en los créditos aparecen como escritores Frank Nugent y Patrick Ford, pero el director hizo suyo el guión, introduciendo “cortes brutales”, tal y como reconociera Nugent). En su sencillez es una obra de arte, un verdadero deleite para el espectador. La historia no puede ser más humilde: un grupo de mormones, guiados por dos jóvenes ganaderos de caballos, forman una caravana en busca de tierras al oeste. Todo es característicamente fordiano: la idea de comunidad, los vastos espacios abiertos, las grandes dosis de humor, el tono magnífico, casi bíblico y una belleza tremenda a la hora de mostrar las relaciones humanas.