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Crítica: ‘Somewhere’ de Sofia Coppola

Cuarto largometraje de la hija del afamado realizador, ‘Somewhere’ es ante todo una película aburrida. Si ‘Maria Antonieta’ tenía un interés estético y ‘Lost in Translation’ una profunda sensibilidad, lo que cuenta ‘Somewhere’ (la insípida vida de un actor de Hollywood) carece de lo uno y de lo otro. Pretende tenerlo, es evidente, pero esta vez el resultado es verdaderamente insípido (vaya, he repetido insípido, querido lector. Culpa mía). ‘Somewhere’ ha sido la ganadora del León de Oro del Festival de Venecia. Lo que son las cosas.

Stephen Dorff interpreta a Johnny Marco, un actor que lleva una aburrida existencia en el Chateau Marmont, conduce un Ferrari y se entretiene con pases de strippers, fiestas y otras cosas de esas. Johnny está divorciado y tiene una hija, Cleo. Encarna a la niña Elle Fanning, la chica de ‘Super 8′. Con mucho, su trabajo es lo mejor de ‘Somewhere’. Aporta dulzura y algo de sentimiento al que agarrarse. Ella es además la encargada de hacer disfrutar al padre de las cosas pequeñitas de la vida. Viajan a Italia. Son felices juntos.

Crítica: ‘Un final Made in Hollywood’ de Woody Allen

Me he divertido con muchas películas a lo largo de estos años; con algunas he reído a carcajadas. El cine está cargado de chistes, situaciones disparatadas y graciosos movimientos de los personajes. Desde Buster Keaton a Jack Lemmon. Con Woody Allen, con sus comedias, esto me ha sucedido a menudo.  Ha sido la última vez al ver ‘Un final Made in Hollywood’, una cinta que pronto cumplirá los diez años de vida.

Probablemente sea justo decir que ‘Un final Made in Hollywood’ es un gran chiste. ¿Saben ese del aclamado cineasta que es un neurótico y hace una ceguera nerviosa y rueda la peli sin ver nada? Pues algo así es esto. Precisamente por aquí flojea, porque todo es una gran broma al servicio de la sátira de unos profesionales del cine que, en muchas ocasiones, son unos auténticos gilis. A la cinta le falta más historia, pero como le sobra diversión funciona estupendamente.

Hollywood Sunset: un tributo a ‘Entourage’

Una serie que se despide de su público. HBO ha querido aprovechar el comienzo de la última temporada de ‘Entourage’ para hacer este video de veintiocho minutos, a base de entrevistas con el equipo y los actores, tomas eliminadas, grandes momentos de la serie y demás.

Un montó de material que seguro hará las delicias de los fans de la serie. ¡Nos vemos en Los Angeles para la octava temporada de ‘Entourage’!

Arranca la temporada final de ‘Entourage’

HBO sigue apostando por ‘Entourage’ (o ‘El séquito’, como la llaman aquí) al menos durante 8 episodios más. La serie de Doug Ellin sobre el mundo de Hollywood estrena nueva temporada. Una comedia con la que he reído y he disfrutado todos estos años, desde su estreno en 2004. Sin duda no he sido el único. Dinero llama a dinero. Arrancamos la temporada final el próximo 24 de julio y de momento os dejo unos trailers.

La pandilla de Vince (Adrian Grenier) sigue dando guerra. El hermano Johnny “Drama” (Kevin Dillon), el gran amigo y mánager Eric Murphy (Kevin Connnoly), el incontestable Tortuga (Jerry Ferrara) y el mejor y más ácido agente de Hollywood, Ari Gold (Jeremy Piven). Añadan a la ecuación cameos de grandes estrellas del cine, la música y el deporte, decenas y decenas de chicas guapas (algunas con menos ropa de la que sería decoroso) y un ritmo fresco. Una fórmula de impacto brutal. Es la vida que todos soñamos. Bien seas actor de éxito o amigo gorrón, pertenecer al grupo es un valor seguro.

Arthur Laurents fue guionista

Hace unos días informó la prensa de que la máquina de escribir ha terminado. Que a partir de ahora será objeto de museo, porque tal objeto no se volverá a fabricar. Pronto muchos olvidarán el sonido y el tacto de aquel instrumento preciado. Tendremos que volver donde siempre, al cine, para refrescar nuestra memoria. Como el humo del tabaco en los bares o en las redacción de un periódico. Buscad en el cine. Lo de la máquina de escribir es una anécdota más del paso del tiempo. Alguien que sin duda tendría a esta herramienta en alta estima es el hombre que nos acaba de dejar, Arthur Laurents.

Laurents nació en 1918, en la ciudad de Nueva York. Sus padres eran judíos. Supongo que la literatura era una compañera que le venía como anillo al dedo. Durante la Segunda Guerra estuvo en el ejército, donde trabajó en cintas de entrenamiento. Conoció allí a  Cukor y a William Holden. Y después llegó el teatro. Luego el cine. Trabajó en el guión de ‘La soga’ de Alfred Hitchcock, junto a Hamilton, Cronyn y el famoso Ben Hetch. También guionizó ‘Buenos días, tristeza’ (Otto Preminger, 1958) y aquella con Robert Redford y Barbra Streisand, ‘Tal como éramos’ (Sidney Pollack, 1973). También llevó a cabo los screenplays de ‘Anastasia’, tanto la de 1956 (con Ingrid Bergman y Yul Brynner) como su versión animada de 1997. Al igual que cantidad de compañeros en aquella época, pasó por Washington para responder a las preguntas de la gente de la HUAC. Un tipo de esos.

Pero su contribución más recordada sería la del libreto de ‘West Side Story’. llevado al cine en 1961 por Wise y Robbins, con aquella Natalie Wood. Es merecido el recordatorio pero quiero ir un paso más allá del homenaje a Arthur Laurents. Él perteneció a un oficio olvidado, oculto a los ojos de la opinión pública: el de guionista. Resuenan los nombres de los actores por todo lo alto, a veces los de los directores más famosos. Pero son pocos los guionistas que conocemos. Solamente los muy cinéfilos suelen tenerlos en cuenta, a pesar de que ellos son los responsables del alma del cine.

Crítica: Mulholland Drive (2001, David Lynch)

Siempre ha habido directores que han sido, junto con algunas de sus películas, tan aclamados como denostados. En mayor o menor medida, el público suele añadir una reserva especial cuando uno de estos nombres polémicos estrena una película. Ha pasado con muchos, a los que se miraba con cautela por la dureza, atipia o complejidad –o extravagancia- de sus trabajos, y el nombre de David Lynch ha ido especialmente asociado a lo desconcertante.

 

‘Mulholland Drive’ –escrita y dirigida por Lynch- fue en un principio un proyecto televisivo de la ABC, que fue rechazado. Reformado para largometraje, renació dos años más tarde, después de que Lynch fuera apoyado por Alain Sardé y Canal Plus Francia. Ese año de 2001, Lynch ganó el premio al mejor director de Cannes, y una nominación de los Oscar. A pesar de ello, ‘Mulholland Drive’ no echa por tierra, ni muchísimo menos, esa fama de director difícil que atesora el de Montana. Sinopsis: un accidente de tráfico frustra un asesinato. Ella escapa. Se refugia en una casa. A la mañana siguiente, será descubierta por Betty, una joven actriz que acaba de desembarcar en Los Ángeles. Betty decide ayudar a la mujer, que no recuerda nada. En su bolso, fajos de billetes y una misteriosa llave azul. Juntas tratarán de reconstruir los hechos.

Liz Taylor se va con otro pedazo del cine

Poco a poco fue cediendo el corazón de la chica de los ojos violetas. Elizabeth Taylor ha muerto a los 79 años por culpa de una insuficiencia cardíaca. Ha ocurrido en Los Ángeles, esa ciudad tan unida al nombre de la actriz. Allí fue donde trabajó en tantas ocasiones, llenando la pantalla con su presencia en muchas de sus más de cincuenta películas. La ciudad de Los Ángeles la vio también recibir sus dos Oscar, el primero en 1961 por ‘Una mujer marcada’ y el segundo seis años después por ‘¿Quién teme a Virginia Wolff?‘. Inglesa de nacimiento, Dama Comendadora del Imperio Británico, casada ocho veces y madre de cuatro hijos. Activista y promotora de la Fundación para la Investigación sobre el SIDA, recogió el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia, concedido en 1992 a esta organización.

Se pueden decir muchas cosas sobre Liz, pero no seré yo quien lo haga. Tenemos cientos de artículos en la prensa general y especializada hablando de ella. No quiero extenderme por ahí, porque preferiría poner el acento en otro punto. Liz Taylor fue una gran estrella y una gran actiz. No hay más que ver sus trabajos. Era guapa y fue Cleopatra, y Maggie Pollitt -la mujer de Newman en ‘La gata sobre el tejado de zinc’-. Fue Gloria Wandrous y Amy en ‘Mujercitas’. Lo mejor que podemos hacer es verla de nuevo, qué demonios.

Como cuando nos dejaron Paul Newman o Charlton Heston, grandes iconos también, nos esforzamos por ligar sus vidas a la historia; para ser más exactos, a la historia del cine. Oímos hablar de ‘años dorados’, del ‘Hollywood clásico’. Podría haber titulado al revés: ‘Con Liz Taylor se va otro pedazo del cine’, porque siempre se nos dice que los actores viven eternamente en sus películas. Pero he querido mover las palabras de lugar. Poco a poco se van marchando en larga hilera. Ahí tenemos a Kirk Douglas, a sus 94 años, resistiendo. Pero él también tendrá que irse. Y cada uno que marcha se lleva algo, un pedazo de aquella época. Sus muertes nos hacen darnos cuenta de que la ilusión de las películas que les hicieron inmortales es solamente eso. Del otro lado vemos, de manera inequívoca, cómo nos abandonan las personas queridas o admiradas. Nos quedamos huérfanos de belleza y de talento según pasa el tiempo. Y aunque vendrán otros -quizás mejores- nuestros recuerdos siempre estarán con aquel Bogart, con aquella Rita Hayworth o con aquel López Vázquez.

La gran ilusión: dinero y poder en Hollywood

Hace unas fechas se entregaron los premios Oscar. Cada vez que llega ese acontecimiento singular podemos ver un baile de estrellas, con sus vestidos y su elegancia. Hacemos quinielas, se escriben crónicas sobre lo que dio de sí la gala en el Kodak. Pero hay algo más real y quizás más importante, ya que es la base de todo lo demás: el dinero, la industria.

Con gran tino y una planificación francamente interesante, el periodista de investigación Epstein hace una disección de esa fábrica de sueños que siempre ha sido Hollywood en su libro ‘La gran ilusión: dinero y poder en Hollywood’ (‘The Big Picture: Money and Power in Hollywood’, 2000).

Cuenta Epstein cómo hubo unos pioneros que comenzaron aquella locura. Personas que apostaron por aquel nuevo invento del cinematógrafo, dejándose la piel e invirtiendo su dinero. A algunos las cosas les fueron bien, y entonces nació Hollywood, el mundo de los mundos. Gracias al dinero y la pericia de unos y otros hoy hablamos de los años dorados del cine.

Las cosas han cambiado mucho, muchísimo, desde que un puñado de compañías dominaran todo, desde producción a salas de exhibición y contratos de técnicos y actores. Aquellas “ocho grandes” (20th Century-Fox, Columbia, Metro–Goldwyn–Mayer, Paramount, RKO, United Artists, Universal, Warner Bros.) controlaban la industria en los años dorados de Hollywood. Cada estudio tenía sus propias estrellas (funcionaba el llamado ‘Star-system’) y no había más forma de ganar dinero que meter a esos rostros bellos y famosos en grandes historias que llevasen a los espectadores a las salas.