Clint Eastwood retrata a uno de los personajes norteamericanos más poderosos y enigmáticos del siglo pasado, John Edgar Hoover, a la sazón fundador del FBI. Interpretado por uno de los actores que más ha crecido en este siglo, Leonardo DiCaprio, ha visto cómo la Academia le escamoteaba una justa nominación a mejor actor por un papel que, entre el presente y el pasado, trata de discernir quién era realmente el atormentado y temible J.Edgar.
El veterano director californiano no acierta con la tecla, si bien el guion no es malo y se dispone a narrar una historia que da para mucho. Tras la desapercibida “Más allá de la vida”, este nuevo tropiezo nos hace temer que el mítico vaquero del poncho no pase por una buena racha, permitiéndonos aconsejarle un poco más de reposo entre título y título. Ahora bien, Clint Eastwood siempre es una garantía de un mínimo de calidad que para otros se antoja una utopía. Siendo justos, hay que reconocer que también depara buenos momentos, con escenas logradas y planos de experto cineasta. Algo que no podemos decir del desigual maquillaje que, aunque no es malo, resulta chocante en algún personaje.







