Created by Aaron Sorkin

Hoy me hago acompañar de un buen grupo de amigos cuyo cabecilla no es otro que el genial Aaron Sorkin. El disfrute que me dio ‘El Ala Oeste de la Casa Blanca’ y la amenaza de que una nueva serie empañara el agradable recuerdo no fue para mí motivo suficiente para dejar de ver ‘Studio 60′. Al contrario, me imaginaba cómo podría ser una serie sobre un espectáculo en directo para televisión en el que Bradley Whitford (Josh Lyman bajo la Administración Bartlet) se convertía en el productor ejecutivo Danny Tripp, y Timothy Busfield (quien interpretara al periodista Danny Concannon en ‘El Ala Oeste’) era el director. Cambiar los discursos de Toby Ziegler por los sketches de Matthew Perry (interpreta al segundo productor y guionista principal del show, Matt Albie) sonaba a risa, pero el resultado no es para nada malo.
Emitida por la NBC durante la temporada 2006-2007, ‘Studio 60 on the Sunset Strip’ está ambientada en las intimidades de un show en directo (algo del estilo al famoso ‘Saturday Night Live’). ‘Studio 60′ es el programa de mayor audiencia de la ficticia cadena NBS. Durante una emisión y a partir de un conflicto sobre la emisión de uno de los sketches, el productor ejecutivo, Wes Mendell, asalta en directo el plató para pronunciar un rabioso discurso que recuerda al de la película ‘Network’ (Sidney Lumet, 1976). Es entonces cuando la nueva presidenta de la NBS, Jordan McDeere, una guapa e inteligente ejecutiva, decide contratar a Tripp y a Albie para intentar superar la crisis y recuperar el prestigio del “sketch show”.
Acompaña a este tridente la escuadra de actores-presentadores del show. Como pasa en este tipo de espectáculo, los hay de primera y segunda línea. Añadir la atenta mirada del consejo de administración de la compañía, siempre pendiente de los movimientos de Jordan McDeere. Y como trata del mundo de la televisión, no podría faltar en ‘Studio 60′ el amor y los líos. A este respecto, la serie avanza más rápidamente en las historias personales que ‘El Ala Oeste’, lo que, por otro lado, no sorprende en absoluto. Aún con el complemento de este nivel privado, lo más importante para los protagonistas sigue siendo terminar el programa de la semana a tiempo, y que sea un buen programa. Acudiremos a los ensayos, a las reuniones de los guionistas, e incluso el show echará a rodar en directo ante nuestros ojos, lo que significa poder comprobar el trabajo realizado por el equipo.
A pesar de los endiablados diálogos, las situaciones divertidas y la acidez de las críticas (no sólo contra los que en la serie llaman “derecha cristiana”, sino que también aborda temas de actualidad como la guerra de Afganistán y el papel de la televisión en la sociedad de hoy), a pesar del ingenio que cada capítulo desprende, la serie fue cancelada cuando la cadena NBC se negó a costear una segunda temporada. Una verdadera lástima tener que renunciar a este producto que transciende el mero entretenimiento gracias a la particular y optimista mirada de Aaron Sorkin, un hombre capaz de firmar guiones de los que nacen capítulos vibrantes y temporadas redondas. Se disfruta con intensidad y merece mucho la pena. El sabor de boca es exquisito, porque la serie no termina en un cliff-hanging, sino que cierra el círculo de inestabilidad que se abriera con el arrebato de Wes Mendell y los problemas personales de los protagonistas de la historia. Omnia vincit amor, decían los latinos. Sorkin enamora a sus personajes de la magia de la pantalla. Ellos viven para escribir, viven para el espectáculo, viven para sus mujeres. Impecable final de temporada –de serie- que conserva el espíritu de las películas cómicas del Hollywood clásico, mezcla de crítica, ingenuidad y vitalidad.
Anotar la aparición de John Goodman, interpretando a esa “derecha cristiana” como ya hizo en ‘El Ala Oeste’, y de Sting, Jenna Fischer y Allison Janney en el apartado de estrellas invitadas al show. Aaron Sorkin cumplió en ‘Studio 60′ con el ritual de titular al último capítulo de la primera temporada de sus series ‘¿Qué clase de día ha sido?’, una curiosidad que nos vuelve nostálgicos a los que en su día disfrutamos con las andanzas del presidente Barlet y los suyos.
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Tiene buena pinta, habrá que verla a ver si engancha.