‘Rubicon’ (o ‘Los espías van a la oficina’)

‘Rubicon’ es una buena serie. Audaz, inteligente, compleja en su trama. ‘Rubicon’ ha sido, por tanto, cancelada por AMC. Y es que hay apuestas que no todos pueden cubrir. Recuerdo un episodio de otra estupenda serie cancelada, ‘Studio 60’, en el que Jordan McDeere, ejecutiva de la cadena, se empeña en producir una miniserie sobre las Naciones Unidas. Por supuesto, la reacción del resto de responsables es el pánico. ¡Eso no le interesa a nadie! Hay quien analiza que todo se reduce a que hay series fáciles y otras difíciles, y que ‘Rubicon’ estaría entre estas últimas. Pero siga leyendo, por favor.

No puedo decir otra cosa aparte de que ‘Rubicon’ me gustó. La trama es complejísima, pero podemos empezar por decir que sus protagonistas son un grupo de analistas de datos que trabajan para la API (American Policy Institute). Estos chicos y chicas, estudiosos e inteligentes, acuden a diario a un edificio discreto. Quien haya visto a Robert Redford en ‘Los tres días del cóndor’ lo captará al vuelo (¡me encantan los juegos de palabras!). La API, por supuesto, es en realidad un elemento de la difusa red de inteligencia del gobierno estadounidense. Espionaje y contraespionaje se nutren de los informes que estas personas generan. El otro día escuché a Obama decir que acabarían con Al-Qaeda, que verían cada video, que leerían cada una de los millones de páginas web. Son los muchachos de la API los que hacen este trabajo, los que buscan patrones, pistas. Muchas veces la información parece sin sentido: listados de cuentas bancarias, ubicaciones por todo el mundo, los encargados de los Starbucks abiertos en los últimos 27 meses. O como en este caso: crucigramas de periódicos.

Cuando me hablaron de esta serie por primera vez me dijeron: “Se parece a ‘The Wire’. No tiene nada que ver, pero se parece”. Creo que el significado de esto es que ‘Rubicon’ no es una serie de espías al uso, igual que ‘The Wire’ no es una serie de polis normal. Ambas son intrincadas y sutiles. Ambas avanzan despacio y la madeja se envuelve en sí misma para crear un final caleidoscópico. Efectivamente, ‘Rubicon’ es una serie difícil, como dice el amigo Alberto Rey.

Había empezado a hablar de la trama y al final no he dicho nada. Lo retomo: el protagonista de esta historia es Will Travers, el chico de la camisa azul, el que está de pie (recordará a buen seguro al actor James Badge Dale de ‘The Pacific’). Travers es un joven calmado, ensimismado en sus libros, en su trabajo. Un tío potente. Su jefe directo (y amigo íntimo) David Hadas descubre un crucigrama en el periódico. Solo unas horas después muere en un accidente ferroviario. A partir de ahí, el equipo de Will se recompone. Él pasa a dirigirlo bajo la batuta de Kale Ingram, un hombre misterioso pero molón (en esencia, un cruce de Kevin Spacey calmado y Steve McQueen aterrador). Travers se afana en descubrir el particular asunto de su anterior jefe. El no cree que haya sido un accidente. Poco a poco, la vida de Travers -y de toda la API- se convierte en un complejo juego en el que parece haber piezas muy poderosas. Travers juega con negras, y aunque mueve en segundo lugar está decidido a desenmarañar la conspiración.

Solamente trece episodios para buscarle los pies al gato. ¿Existirá, como cree Travers, una operación de imponentes intereses? ¿Quiénes son amigos? ¿Quiénes enemigos? ¿Qué papel jugaba David Hadas en todo esto y por qué ahora está muerto? Un bonito misterio que combina intelecto y acción, conspiraciones secretas y poderes fácticos. Realidad o ficción, usted elige. Como decían en aquella serie, la verdad está ahí fuera, en los millones de datos sin procesar. Quizá la verdad esté codificada en ‘Rubicon’. ¿Quién sabe?

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