SERIES: Perdidos – Lost (2004, J.J. Abrams)

Al final era una historia sobre los personajes

Es difícil hacer una buena reseña sobre una serie de la que se ha escrito tanto. Procurar que tenga “chicha”, que muestre datos inéditos, que ordene mediante una brillante y nueva exposición algunas ideas confusas… así que no lo haré. Sólo trataré de hablar menos y condensar más mis impresiones generales –y personales como experiencia según la veía, conste– de esta serie imperdible (valga el tonto juego de palabras).

Para empezar es una serie puramente arquetípica, digna de estudio por Jung y su inconsciente colectivo. Cuando digo “arquetípica” quiero resaltar la importancia vital de los “personajes” en la trama. Personajes que “sufren” un viaje de autoconocimiento, una “catarsis” en medio de un montón de sucesos extraños o, directamente, paranormales.

Muchas veces los protagonistas tienen grandes enfrentamientos por sucesos no probados o dudosos, grandes discusiones sobre aparentes entelequias (ir por aquí, ir por allá), una noria de decisiones, apariciones y desapariciones de alianzas, reconciliaciones, puñaladas traperas y demás; no sobre hechos, sino sobre paradigmas personales. Lo que cree uno y lo que cree otro, Hombre de Ciencia vs. Hombre de Fe, sin grandes argumentos para apoyar una tesis u otra favorecido por un ambiente donde hasta las “verdades científicas” entran en suspenso. Eso es el verdadero Ser Humano y sus contradicciones: nos basamos en ideas preconcebidas a las que luego damos forma argumental. El valor de las intuiciones frente a la sola Razón.

 

“Perdidos” (“Lost”) está plagada de ¿trascendentes? tomas de decisiones (ir a un lugar o a otro, pulsar o no una tecla que supuestamente acabaría con el mundo si se dejara de accionar el botón cada 108 minutos, etc.) que llevan a enconados enfrentamientos. Pero en el fondo nadie sabe exactamente lo que está haciendo, como la vida misma, hasta el Hombre de Ciencia lo basa todo, en último término, en la intuición. Permitidme parodiar. “Vamos al avión, ahí podremos guarecernos mejor.” “No, hay que ir a la escotilla para pulsar la tecla o moriremos todos.” Y ya está armado el pitote. Incluso un tercer grupillo aparece de la nada diciendo que hay que ir, por ejemplo, a un poblado, que es fundamental aún no saben por qué.

Se llega a tener la sensación de una confusa noche de fiesta, donde te encuentras con gente que pensabas que iba en tu grupo, y resulta que vienen de a saber dónde. Una sensación de maravillosa y cautivadora confusión, pues ves desplegarse la psicología humana –¿quizá debería decir mejor psique?– ante tus ojos.

Una serie mitológica –fíjense que no digo “mítica”, que también, debido a los muchos elementos, objetos, situaciones o personas que propician la denominación que escojo– que tiene muchas más lecturas, seguramente más profundas o afortunadas que la mía, pero esta es una de las que me prendió a mí. Una mitología que al final se reduce a una lucha entre el Bien y el Mal –unos usando la Ciencia o la Fe, según–, pudiendo ser grisáceos los personajes, no tanto cada acción tomada individualmente. Personajes y más personajes, flashbacks de sus vidas para conocerlos a fondo, arquetipos cristalizados en algunas de las sub-historias o personajes, llega a haber flashforwards de la vida ¡futura! de los protagonistas, viajes en el tiempo, misiles nucleares, monstruos, ocupaciones militares, romance y traición, escenas de pura supervivencia en la “selva”… y qué decir de la “selva”, ese verde, ese otro personaje más.

No se dejen influenciar por el aparente absurdo de toda esta acumulación –moderada– de “chaladuras” (y aguanten si hace falta, se empieza a vislumbrar una convergencia de la trama de la serie a partir de la tercera temporada, no es una trama continua y aceleradamente abierta). Vean esta serie sin prejuicios. Me fijo ahora que ni he descrito apropiadamente el argumento (que aún así creo que no hará falta), sólo véanla, entreténganse, piénsenla, emociónense y opinen. Puede que no sea una obra maestra absoluta, pero debe verse incluso por delante de otras formalmente mejores técnicamente. Es un despropósito delirante irrenunciable, con un final polémico que resulta ser, a la postre y tras pensar sobre él, perfecto.

2011-07-15T16:43:41+00:00 Series|Sin comentarios

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