Western

Películas de western

Crítica: ‘Django desencadenado’, de Quentin Tarantino

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No es el western perfecto, pero en su primera parte, hasta que llegamos a Candie Land, lo parece. De antológico podríamos calificarlo. Pero solo hasta ahí, hasta que a Tarantino se le va la mano con la sangre -no es que antes no se viera, pero al menos no era un festín hamático- y el Tarantino cineasta traicionara al Tarantino cinéfilo. No lo neguemos; esperábamos un western repleto de referencias a los clásicos con el toque descarado y pop de su director, pero no que la mirada hiperviolenta y excesiva de Quentin se impusiera al gran guion.

Porque vaya diálogos marca de la casa se marca el tridente Jamie Foxx-Christoph Waltz-Leonardo DiCaprio. A cada cual más chistoso, ocurrente, divertido… perfectos en un género que lo admite todo, el spaghetti western, incluso que la acción transcurra entre plantaciones de algodón y una población esclavizada. Incluso admite reírse de todo ello. Sin embargo, ‘Django desencadenado‘, tiene tanta personalidad -y autoconciencia- que no es tampoco un spaghetti western canónico.

‘El sargento negro’: hermosa puesta en escena (y algo más)

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Amigos, el otro día estuve viendo (otra vez) ‘El sargento negro’ (‘Sergeant Rutledge’, John Ford, 1960) y me di cuenta (de nuevo) de la mano que tenía el maestro Ford para crear las más bellas imágenes. Siendo una película considerada menor dentro de la filmografía fordiana, ‘El sargento negro’ me parece de una solidez tremenda. Un western precioso. Bien contado, a base de flashbacks -doce-. Es el juicio de un soldado negro acusado de doble asesinato y violación.  Un hombre considerado como bueno y fiero combatiente. El juicio al soldado ejemplar. Pero el sargento es un hombre negro.

Voy a ir desgranando la historia -procurando no estropearla-, mostrando mediante fotogramas la hermosura que consigue Ford con sus encuadres y sus luces, logrando bellas secuencias tanto de interiores como de exteriores. La fotografía en color, expresionista, genera sombras que envuelven a los personajes; los paisajes, que siempre en Ford denotan libertad -una compenetración entre el hombre y la naturaleza-, en esta ocasión se ven subordinados a la extraña y subjetiva mirada de unos personajes agarrotados. La película se desarrolla del siguiente modo. El abogado defensor llega al fuerte, donde todos le esperan para que de comienzo el consejo de guerra.

A mí me gusta el western

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“Go West, young man” (Horace Greeley)

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Ni tengo cincuenta años ni me echo la siesta. Yo no vi de niño maratones del oeste ni jugué a indios y vaqueros con mis amigos. Pertenezco a una generación que ve con reparo las películas en blanco y negro y todo ese polvo que levantan las carretas. Yo tenía un compañero en el colegio que amaba el western. Atesoraba en un armario de su habitación (yo lo vi) centenares de VHS del ‘far west’. Les aseguro que a todos nos parecía un tipo extrañísimo. Pues bien, ahora se podría decir que yo estoy en una posición parecida. Poco a poco he ido conociendo a fondo uno de los géneros mayores del cine. He visto a Peckinpah y a Ford, a Hawks, a Wellman y a Walsh. He visto a Eastwood, a Ray, a Sturges, a Curtiz, a Leone, a Hathaway. Efectivamente, a mí me gusta el western.

Parto de la base de que el género es difícil. A muchos les parecerá arcaico y aburrido. Mucho bien han hecho los pases del oeste en Televisión Española -y más recientemente en Telemadrid- (algunos aprovecharon para conciliar el sueño entre trotes de caballería y tiros de Henry Fonda). Pero también han producido el efecto perverso de que muchos jóvenes vean el western como algo pasado de moda, las películas que veían sus padres cuando las películas eran aburridas. En blanco y negro o con colores desvaídos. Las mujeres iban vestidas, por favor…

Crítica: Cuatro confesiones (1964, Martin Ritt)

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Llueve sobre mojado

‘Cuatro confesiones’ fue la adaptación occidental de una de las obras maestras de Akira Kurosawa, ‘Rashomon’. A pesar de la discusión clásica sobre si un remake pierde o no valor por el mero hecho de serlo, ‘Cuatro confesiones’ se defiende de esta crítica con gran agilidad: si a Kurosawa le inspiró tanto el western, porqué no adaptar una de sus películas al estilo Hollywood. Creo que el invento no sale mal parado en absoluto.

 

Antes de avanzar, recordar al lector que ‘Rashomon’ no es la única obra del maestro japonés adaptada en occidente. Ese mismo año, Sergio Leone filmó su célebre ‘Por un puñado de dólares’ a partir de la japonesa ‘Yojimbo’. Walter Hill volvió a adaptarlo en ‘El último hombre’, con Bruce Willis y Christopher Walken. Pero es que a su vez, Kurosawa creó ‘Yojimbo’ sobre la base de dos novelas de Dashiell Hammett, ‘Cosecha Roja’ y ‘La llave de cristal’. Otro remake célebre, ‘Los siete magníficos’, de John Sturges.

 

De cualquier manera, y aunque las comparaciones son inevitables, me gusta tratar a las películas por separado, como “sucesos independientes”, y la verdad es que  ‘Cuatro Confesiones’ es una buena película, porque parte de un argumento atronador.

Crítica: Valor de ley (2010, Joel y Ethan Coen)

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Han tenido que pasar casi tres años para que los Coen volvieran a hacer una película en condiciones. Se tomaron  un respiro después de ganar tres premios de la Academia con ‘No es país para viejos’. En ese periodo filmaron una comedia ácida un tanto irregular (‘Quemar después de leer’, 2008) y la broma privada que fue ‘Un tipo serio’ (2009). Acaso el respaldo que les dio los Oscar les permitiera esta pequeña aventura; ahora que han vuelto a hacer buen cine, no lo quiero pasar por alto. Diez nominaciones, incluyendo la de Mejor actriz de reparto para la jovencísima Hailee Steinfeld. Tanto los Coen como Jeff Bridges optan a estatuilla. Vamos al grano de este ‘Valor de ley’ (‘True Grit’).

En el año 1968, el Saturday Evening Post publicó una novela de Charles Portis en la que se narraba la caza del hombre que una niña de catorce lidera para vengar la muerte de su padre. Un año después, Henry Hathaway rodó el film, el primer ‘Valor de ley’, cinta de éxito y por la que John Wayne ganó su único Oscar. La nueva versión de los hermanos Coen, contando la misma historia, moviéndose en territorios comunes, posee suficiente calidad como para tener interés por sí misma. Si hubiera sido una película más pobre, probablemente ese interés quedaría bastante reducido, pero es una creación personal, cargada de humor y con el buen hacer a que nos tienen acostumbrados los hermanos -cuando se ponen a trabajar en proyectos serios-. Lo malo es que cuando ya existe una buena película para contar una historia, al volver a contarla –aunque sea cuarenta años después- es imposible no hacer comparaciones.

Crítica: Caravana de paz (1950, John Ford)

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El camino hacia el oeste

Fotograma de la película 'Caravana de paz', de John Ford

Orson Welles, preguntado por sus influencias, dijo una vez: “Me gustan los antiguos maestros, y con esto quiero decir: John Ford, John Ford y John Ford”. El realizador de ‘Ciudadano Kane’ vio cuarenta veces ‘La diligencia’ de Ford -a quien llamaba poeta- antes de comenzar el proyecto que le haría célebre (y que perdió en los Oscar precisamente ante una película de Ford, ‘¡Qué verde era mi valle!’ ). La reseña que traigo hoy pertenece a una de esas obras maestras fordianas que enamoran a primera vista; no hace falta que seas Orson Welles para reconocer en Ford a un cineasta maravilloso, de lo más grande que han dado los tiempos.

Producida por Argosy Pictures, la compañía del propio Ford, ‘Caravana de paz’ (‘Wagon Master’) es uno de los trabajos más personales del maestro, que fue también productor ejecutivo y guionista de esta historia (en los créditos aparecen como escritores Frank Nugent y Patrick Ford, pero el director hizo suyo el guión, introduciendo “cortes brutales”, tal y como reconociera Nugent). En su sencillez es una obra de arte, un verdadero deleite para el espectador. La historia no puede ser más humilde: un grupo de mormones, guiados por dos jóvenes ganaderos de caballos, forman una caravana en busca de tierras al oeste. Todo es característicamente fordiano: la idea de comunidad, los vastos espacios abiertos, las grandes dosis de humor, el tono magnífico, casi bíblico y una belleza tremenda a la hora de mostrar las relaciones humanas.

Crítica: ‘Valor de ley’ (1969, Henry Hathaway)

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Inspirador clásico del western

Se acerca el estreno español de la nueva película de los Coen, ‘Valor de Ley’, un remake del film del mismo nombre que Henry Hathaway rodó en 1969, y que se haría famoso por permitir a John Wayne hacerse con su único Oscar. Quiero recordar hoy la cinta original, sin ánimo alguno de que sirva para la comparación con lo que Joel y Ethan Coen nos tengan preparado. Tendremos que esperar al 11 de febrero para verlo en las pantallas de nuestro país, aunque parece que está funcionando muy bien en Estados Unidos. Pero demos un repaso a la cinta original, a modo de aperitivo.