Amigos, el otro día estuve viendo (otra vez) ‘El sargento negro’ (‘Sergeant Rutledge’, John Ford, 1960) y me di cuenta (de nuevo) de la mano que tenía el maestro Ford para crear las más bellas imágenes. Siendo una película considerada menor dentro de la filmografía fordiana, ‘El sargento negro’ me parece de una solidez tremenda. Un western precioso. Bien contado, a base de flashbacks -doce-. Es el juicio de un soldado negro acusado de doble asesinato y violación. Un hombre considerado como bueno y fiero combatiente. El juicio al soldado ejemplar. Pero el sargento es un hombre negro.
Voy a ir desgranando la historia -procurando no estropearla-, mostrando mediante fotogramas la hermosura que consigue Ford con sus encuadres y sus luces, logrando bellas secuencias tanto de interiores como de exteriores. La fotografía en color, expresionista, genera sombras que envuelven a los personajes; los paisajes, que siempre en Ford denotan libertad -una compenetración entre el hombre y la naturaleza-, en esta ocasión se ven subordinados a la extraña y subjetiva mirada de unos personajes agarrotados. La película se desarrolla del siguiente modo. El abogado defensor llega al fuerte, donde todos le esperan para que de comienzo el consejo de guerra.









