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Crítica: Cisne negro (2010, Darren Aronofsky)

Las zapatillas negras

 

Miedo, perplejidad, incertidumbre, psicosis. Poder, ambición, perfeccionismo, apoteosis. Una crítica de ‘Cisne negro’ (‘Black Swan’, Darren Aronofsky) debe incluir muchas palabras, pero esas ocho parecen obligatorias. La película que ha seguido a ‘El luchador’ (‘The Wrestler’, 2008) en la carrera del director neoyorkino, siendo angulosa y compleja, se presenta también mejor acabada. La lucha interior de la bailarina que interpreta Natalie Portman hace avanzar la historia de un modo tremebundo, agobiante, pero el conjunto es más sólido que la cinta que interpretó Mickey Rourke.

 

La sinopsis de esta película por momentos caleidoscópica es la que sigue: una compañía de ballet está preparando un nuevo montaje de ‘El lago de los cisnes’. El director ha decidido que la misma bailarina interprete al cisne blanco (Odette, la enamorada de Sigfrido convertida en cisne por el malvado Rothbart) y al cisne negro (Odile, la hija del hechicero que engaña al príncipe para que se case con ella, provocando el suicidio de Odette). Nina (Portman) es probablemente la mejor bailarina de la compañía en estos momentos, la más técnica. Es la indicada para el papel principal, el de cisne blanco, pero su personalidad le impide hacer el papel del negro. La llegada de una competidora, Lily, hará que Nina entre en una espiral de tensión y autoexigencia difícil de soportar.

Crítica: El escritor (2010, Roman Polanski)

Con la muerte en los talones

Es inexcusable hablar sobre ‘El escritor’ (‘The Ghost Writer’, 2010), y no solo porque fuera la triunfadora de los Premios de Cine Europeo, ganando seis de las siete nominaciones, incluyendo mejor película, mejor director, mejor actor y mejor guión –lo que puede considerarse un pleno-, sino porque es, definitivamente, una de las mejores películas de 2010. Para nuestra desgracia, ‘El escritor’ no se ha llevado el Goya 2011 a la Mejor película europea, premio concedido a una película inferior, a todas luces. Veamos de qué va esta historia.

El ex-primer ministro Adam Lang (Pierce Brosnan) está escribiendo sus memorias. El escritor que le ayudaba ha sido encontrado muerto. ¿Suicidio, accidente o asesinato? Ewan McGregor interpreta a un joven escritor al que se le encarga –y él acepta- continuar el trabajo, para lo cual se desplazará a una finca en la costa norteamericana, propiedad de los editores, donde Lang se aloja con su equipo y su mujer. Poco a poco, la tensión aumenta para el escritor, sobre todo a partir del momento en que se filtran noticias sobre la implicación del ex-primer ministro en las torturas a prisioneros. Empieza a notarse el nerviosismo. El escritor encuentra unas misteriosas notas, cuidadosamente guardadas, dejadas por el colaborador fallecido. Las sospechas se adueñan de McGregor.

Crítica: ‘Siete Días de Mayo’ (1964, John Frankenheimer)

En el año 1964 se estrenaron en los Estados Unidos, con apenas un mes de distancia, dos películas que compartían la fotografía en blanco y negro y la temática acerca de la Guerra Fría y del miedo a la destrucción total. La primera, la famosa cinta de Kubrick ‘¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú’, que nos presentaba a un oficial desquiciado, una cúpula militar radical y unos políticos de lo más extraño. Les acompañaba el gran Peter Sellers en un papel memorable. Sin duda, lo más llamativo de ‘¿Teléfono rojo?’ es la ominosa presencia de “la bomba”. Recuérdese además cómo el destino de la humanidad aparece sujeto a unos dispositivos electrónicos de dudosa fiabilidad. La segunda, este ‘Siete Días de Mayo’, de la mano de John Frankenheimer.

Tomando el pulso a ‘Siete Días de Mayo’ (‘Seven Days of May’), el trasfondo, el asunto que pretende abordar es realmente más profundo. Un tema importante, y que se olvida con cierta frecuencia, es que la democracia no es únicamente un sistema electivo, con sufragio universal periódico, y que ese sistema no es permanente ni autónomo. Las democracias son más débiles de lo que parece, especialmente cuando sus ciudadanos evitan participar en su mantenimiento. Ante el desafío de sus enemigos –las dictaduras, los autoritarismos- las naciones libres han de responder con firmeza sin perder su naturaleza democrática. Es, en verdad, un equilibrio muy fino. Se puede ver en el debate sobre los secretos publicados por WikiLeaks y en el conflicto entre transparencia y seguridad frente a potencias enemigas. Yo creo que en ese tipo de cuestiones se engarza el argumento de la película, que está también emparentada con el filme ‘Tempestad sobre Washington’ (Otto Preminger, 1962), en el que el un estricto senador interpretado por Charles Laughton hacía una vehemente defensa de las instituciones frente a las “ideas foráneas”.