Crítica:Submarino (2010, Thomas Vinterberg)

Thomas Vinterberg firma esta historia de sordidez extrema en la que somos espectadores del drama de dos hermanos. El título de esta película danesa es ‘Submarino’: una infancia difícil, con una madre alcohólica y un accidente fatal, les turbará hasta llevarles prácticamente a la autodestrucción. Se estrenó en las salas españolas, pero yo creo que no tuvo demasiada distribución. Por suerte ha sido editada en DVD.

 

Confieso que la película llamó mi atención cuando reconocí a Jakob Cedergren (encarna al hermano mayor, Nick), actor al que descubrí en ‘Terriblemente feliz’ (Henrik Ruben Genz, 2008), una cinta maravillosa. El tráiler prometía llenar de suciedad la pantalla, al retratar el infierno de drogas y desamor de los dos hermanos. Desde luego, la desesperanza es palpable.

 

‘Submarino’, después de un prólogo de la infancia de los protagonistas,tiene una primera parte en la que se nos muestra la pobre vida del hermano mayor. Nick resiste sin un duro en el bolsillo, viviendo en un albergue, haciendo pesas y bebiendo cerveza y acudiendo a malsanos encuentros sexuales. Su vida es gris y fría, como la fotografía de la cinta. El recuerdo de su antigua novia, la presencia de la muerte, el asco. En un ataque de rabia, Nick se destroza la mano a golpes.

En la segunda parte, el hermano menor, un toxicómano que sobrevive enganchado a la droga y al amor por su hijito, huérfano de madre. Por mucho que intenta cuidar al pequeño Martin, la droga le arroja contra el asfalto. La ternura de la paternidad, los juegos, la esperanza y la imaginación del niño, generan un poderoso contraste con la otra realidad del padre, que se desploma en el cuarto de baño con una aguja clavada en el brazo.

 

El director de ‘Celebración’ es capaz –de esto no hay duda- de crear ambientes ominosos en los que caminan a sus anchas personajes desestructurados, con almas doloridas e insensibles de tantos golpes. Sin embargo, el principal escollo de ‘Submarino’ es que falta una razón, un puerto al que el director busque dirigir esta flota tenebrosa. El desenlace no desentona, pero tampoco logra el do de pecho, dar una salida. Hay cierta precipitación. Las mejores secuencias de la película quedan ancladas en la primera mitad –son aquellas más descriptivas-, mientras que después se pasa a una acción que no acaba de avanzar hacia un punto claro.

 

A pesar de todo, ‘Submarino’ merece la pena si interesa el tema. Está bien realizada, con pulso y oficio, y viendo lo que ha dado de sí el año, es uno de los títulos interesantes que ha dejado el 2010. Ciertos pasajes conmueven. Los actores consiguen transmitir esa búsqueda de la nada, ese principio sin rematar desde el que lanzarse a una nueva vida más humana, sin violencia y sin droga. Una vida en la que haya algo de amor. Muy abajo baja este ‘Submarino’ en las fosas abisales de la miseria del hombre. Y allí en las profundidades es sabido que no hay luz.

Deje su comentario