Siempre ha habido directores que han sido, junto con algunas de sus películas, tan aclamados como denostados. En mayor o menor medida, el público suele añadir una reserva especial cuando uno de estos nombres polémicos estrena una película. Ha pasado con muchos, a los que se miraba con cautela por la dureza, atipia o complejidad –o extravagancia- de sus trabajos, y el nombre de David Lynch ha ido especialmente asociado a lo desconcertante.
‘Mulholland Drive’ –escrita y dirigida por Lynch- fue en un principio un proyecto televisivo de la ABC, que fue rechazado. Reformado para largometraje, renació dos años más tarde, después de que Lynch fuera apoyado por Alain Sardé y Canal Plus Francia. Ese año de 2001, Lynch ganó el premio al mejor director de Cannes, y una nominación de los Oscar. A pesar de ello, ‘Mulholland Drive’ no echa por tierra, ni muchísimo menos, esa fama de director difícil que atesora el de Montana. Sinopsis: un accidente de tráfico frustra un asesinato. Ella escapa. Se refugia en una casa. A la mañana siguiente, será descubierta por Betty, una joven actriz que acaba de desembarcar en Los Ángeles. Betty decide ayudar a la mujer, que no recuerda nada. En su bolso, fajos de billetes y una misteriosa llave azul. Juntas tratarán de reconstruir los hechos.





