La mejor ilusión

Hace no muchos días estuve charlando con un amigo, antiguo profesional del cine a a quien intentaré traer por aquí algún día, sobre el trabajo de producción. Me contó anécdotas increíbles y observó cuán complicado puede resultar el rodaje de una película. Habló de presupuestos imposibles, de actores alcoholizados que no retenían las frases, de lo que pasaba cuando el director agotaba todo el negativo y en el laboratorio no tenían más. Muchas historias a lo largo de muchos años de profesión, como es fácil entender. Pues bien, yo tenía pendiente ver una famosa película, del francés y también famoso François Truffaut, que se llama ‘La noche americana’* (‘La nuit americaine’) y que se me antojaba una hermosa manera de continuar esa conversación sobre el mundo del cine.
‘La noche americana’ cuenta el rodaje de una película titulada ‘Os presento a Pamela’, un drama romántico. Todo un equipo, dirigido por el personaje de Truffaut, con su productor, su maquilladora, su responsable de atrezzo, su regidor, sus operadores; todos juntos y revueltos, añadiendo los actores y actrices, representados en el cuarteto formado por la guapísima Jacqueline Bisset, Valentina Cortese, Jean-Pierre Aumont y Jean-Pierre Léaud. Como en toda película que se precie, también en el rodaje de Pamela abundarán los contratiempos: gatitos caprichosos, averias, visitantes pelmazos, actrices desequilibradas, líos amorosos. Todo lo que pueda retrasar o entorpecer el rodaje puede acontecer. Especialmente interesantes son los pequeños trucos, usados clásicamente en el cine, y que de una forma bien natural se nos van mostrando en a lo largo del rodaje.
A pesar de este punto de vista tan especial, la película tiene interés en sí misma. Con ingenio se mezclan la historia de ‘Pamela’, con sus problemas, y la vida que surge alrededor de su producción. Hay en realidad dos historias, porque los actores se enamoran, o sienten el paso del tiempo, o se desencantan. ‘La noche americana’ ganó el Oscar a la mejor película de habla no inglesa del año 1973 (fue el año de ‘El golpe’, que se llevó siete estatuillas) y, curiosamente, obtuvo tres nominaciones en la edición de 1974 (mejor actriz de reparto, mejor director, mejor guión original).
Tal como hemos dicho, ‘La noche americana’ es una gran película, divertida y con un estupendo ritmo, pero creo que su principal valor es el de ser un bello homenaje al cine rendido por un verdadero cinéfilo, por una persona para la que el cine ha constituido las raíces mismas de su vida. En ese sentido me recuerda a ‘Sesión continua’, de Garci. El cariño que Truffaut tenía por su oficio es palpable en la manera tan cercana de contar esta historia, de ofrecer al espectador un pase especial con el que colarse en plató. Observar el mundo de la cinematografía desde los ojos enamorados de Truffaut resulta delicioso. ‘La noche americana’ deja entrever el apasionamiento de un hombre por un arte al que no pudo resistirse, y nos demuestra que ese francés aclamado, con más de una veintena de películas dirigidas, guionista, productor y actor en decenas de ocasiones, escritor en ‘Cahiers du cinéma’ y uno de los iniciadores principales de la Nouvelle vague francesa, no fue más que un cinéfilo más que desde que en 1947 fundase un cineclub, dedicó más de tres décadas al cine y lo disfrutó tanto y tantas veces como fue capaz.
*Nota: el término
“noche americana” hace referencia a un técnica fotográfica que consiste en rodar escenas nocturnas en pleno día, mediante la colocación de filtros especiales para la luz. Los americanos lo llaman “Night for day”, y así se tituló la película de Truffaut en los Estados Unidos.
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