Crítica: ‘Infancia clandestina’, de Benjamín Ávila

Benjamín Ávila debuta en la ficción con el mismo tema que plasmó en su documental ‘Nietos (Identidad y memoria)’. Él, que sufrió las vicisitudes de la resistencia peronista en plena dictadura, acude a sus recuerdos para narrar el azaroso inicio en la adolescencia de Juan, también llamado Ernesto, en una Argentina contra la que luchan sus familiares desde el anonimato y la clandestinidad.

Además de retratar la vida al margen de la dictadura, cobra especial importancia el primer amor y el inocente descubrimiento de la sexualidad en un marco político diseñado por adultos entre los que destaca Ernesto Alterio, presente también en alguno de los sueños del chico que junto a los añadidos de cómic, aunque con intención de estilo, no dejan de constatar la poca confianza que tiene su realizador en el dramatismo de la historia que cuenta.

En cualquier caso, ‘Infancia clandestina’ es la elegida por Argentina para optar al Oscar. Para refrendar su elección, en los Premios Sur (los Goya argentinos) han colmado de parabienes esta cinta con diez estatuillas de 16 nominaciones, lo que pone en evidencia a un cine que este año apenas ha dado títulos de calidad más allá de sus rivales ‘Elefante blanco‘ o ‘Las acacias’.

Tráiler ‘Infancia clandestina’

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