Crítica: ‘The Master’, de Paul Thomas Anderson

Con Paul Thomas Anderson ocurre algo similar a lo que sucede con Quentin Tarantino: es garantía de buen cine. ‘The Master’ no es la excepción de una filmografía selecta, envidiable y reivindicable a más no poder. Su triunfo en Venecia no es más que un aval para quienes aún no hayan descubierto al responsable de ‘Magnolia’ o ‘Pozos de ambición‘, entre otras. Eso sí, como Tarantino, es un cineasta muy particular, con un cine que hay que degustar poco a poco, recreándose en los pequeños detalles, la belleza de sus planos y los gestos de sus personajes. Esto último muy marcado en este filme.

Porque ‘The Master’ es una obra que une o enfrenta, la línea es fácil franquearla, a dos hombres heridos, cada cual a su manera, que buscan en el otro el equilibrio que les falta. Sus duelos, marca de la casa desde Tom Cruise en ‘Magnolia’, explotados con Daniel Day-Lewis y Paul Dano en ‘Pozos de ambición’, son aquí la piedra angular de una historia profunda, muy psicológica, tan apegada a las debilidades humanas como bella y sensible. Y sin mentiras ni artilugios que despisten de la vida misma.

Joaquin Phoenix, en el trabajo de su vida, con su continuo gesto desagradable, sus incómodas posturas y su encorvado cuerpo, da vida a un desviado al que la Segunda Guerra Mundial no es que le haya herido sino que le ha vapuleado. Freddie Quell, su personaje, es un artista del garrafón indomable e impredecible que encontrará en Lancaster Dodd, líder de La Causa -sosias de la Cienciología-, la figura paterna que encauce sus acciones.

Ese líder, médico, filósofo, físico y cuantas cosas decida ser es Philip Seymour Hoffman, habitual de la filmografía de PT Anderson que borda su papel y nos depara escenas memorables como el “análisis informal” a su pupilo Joaquin Phoenix. Carismático y complejo, encuentra en una gélida Amy Adams su contrapunto perfecto. Igual que la cuidada escenografía de Anderson vuelve a fusionarse con las notas del Jonny Greenwood que causó sensación en ‘Pozos de ambición’. Y para remate, aunque es evidente desde el mismo inicio, Anderson firma su película menos pudorosa, dato que hay que tener en cuenta si recordamos que estuvo tras las cámaras de ‘Boogie Nights’.

Vídeo tráiler de regalo con mucho material descartado

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