Crítica: ‘The Deep Blue Sea’, de Terence Davies

De inicio ya se aprecia que se trata de una propuesta muy personal en la que las manos del director, el británico Terence Davies, se notan en todo momento. La voz de la siempre impecable Rachel Weisz -aquí no lo es menos- abre la película recitando un par de líneas de una nota de suicidio, porque de eso va ‘The Deep Blue Sea’, de hacerse daño a uno mismo por culpa del amor, y en eso la protagonista obtiene matrícula de honor.

Terence Davies adapta la obra teatral de Terence Rattigan en la que Hester (Rachel Weisz) debe lidiar con la tranquila pero aburrida existencia al lado de marido (Simon Russell Beale) y con la pasión a la que se entrega en su romance con Tom Hiddleston. Sin embargo, la visión idílica y desatada del amor que posee Hester no encontrará semejante correspondencia, algo que iremos conociendo en pequeños flashbacks que nos dibujarán su vida en pareja.

Esa estructura, que puede repeler a alguno, no es nada en comparación con el tono lírico que adopta el filme desde su mismo inicio, aunque, por suerte, lo abandona -o diluye- poco a poco, no sin alguna recaída que celebro como la de la escena del metro. En el fondo todo es cuestión de dejarse embargar por el lirismo que imprime Terence Davies o ahogarse en él, algo así como lo que le ocurre a la Hester tan bien interpretada por Rachel Weisz. Claro que los diálogos precisos, concisos y profundos ayudan bastante a esta película de sentimientos tan intensos.

Trailer de ‘The Deep Blue Sea’

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