Crítica: ‘Synecdoche, New York’, de Charlie Kaufman

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Como todo lo que pare Charlie Kaufman, es compleja. Esta más si cabe. Su primer trabajo como director adolece de los mismos fallos que algunos de sus guiones -a excepción de ‘Olvídate de mí’- que presentan unos personajes muy interesantes en un prometedor inicio aderezado con pequeñas dosis de humor hasta que el mundo que propone Kaufman se abre paso en la cinta y todo deja de tener sentido.

Hay numerosos defensores de este tipo de cine, tan particular del artista neoyorquino, que hace pensar y obliga al espectador a replantearse a cada momento qué es lo está presenciando, así como a reubicar sus concepciones espacial y temporal para tratar de entender lo que ocurre. Y en ‘Synecdoche, New York’ lo que sucede es que Philip Seymour Hoffman es un hipocondríaco director teatral atormentado con el éxito que con el dinero obtenido por un premio pretende realizar su obra cumbre.

Pero embarcarse en ella es un reto que abandona la linealidad y en el que la imitación de la realidad, de la vida del propio personaje interpretado por P.S. Hoffman, se introduce en esa obra teatral ficticia por la cual el director teatral bucea en su personalidad y en su propia historia. Así Kaufman habla del amor, de los sueños, del deseo, de las acciones inacabadas, de la complejidad de vivir y de aceptarse uno mismo en una película que gustará a aquellos que disfrutaron con ‘Cómo ser John Malkovich’ o ‘El ladrón de orquídeas’.

Tráiler ‘Synecdoche, New York’ (V.O.)

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2 Comentarios

  1. […] en sintonía con ese concepto del teatro envolvente del que Charlie Kaufman hacía una obsesión en ‘Synecdoche, New York’ […]

  2. EduardoP. 29 agosto, 2013 en 4:26 - Responder

    Felicitaciones por haber logrado escribir una crítica bastante coherente sobre una película más bien experimental y deshilachada. Difiero con la conclusión final, ya que “Malkovich” y “Adaptation” me parecieron ambas una genialidad. Aquí el acento está puesto en una abstracción exagerada, y creo que resulta excesivamente demandante para el público. El personaje central es un director de teatro decidido a hacer “the ultimate play”, la obra de arte dramático total. Tanto de sí pone en juego que la obra le provee un sucesor dentro de la misma obra y termina tragándose su propia vida (me recordó a “Fitzcarraldo”, de Herzog). Pero estas ideas están desarrolladas de un modo tan episódico y deshilvanado que narrarla resulta casi imposible. Esperaba más (es decir: menos, pero más digerible). Saludos.-

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