Crítica: ‘Las ventajas de ser un marginado’, de Stephen Chbosky

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Película sobrevalorada merced a un final muy por encima del resto de la película que se cuece a fuego demasiado lento, por mucho que la atmósfera teen lo invada y edulcore todo. Tanto narrador en primera persona termina por quitarle la gracia a este filme sobre un inadaptado con mucho trasfondo que, por mucho que pretenda demostrar, no huye tanto de los tópicos del género como su director quisiera.

Stephen Chbosky se basa en su propia novela para adaptarla y convertirla en su segundo metraje, quince años después de una prácticamente inédita ‘The Four Corners of Nowher’. Fogueado en el mundo del guion y en la serie ‘Jericho’, ha sido una de las sorpresas del año pasado entre un público que ha acogido esta película de muy buena gana y en la que la otrora Hermión –Emma Watson– nos regala algunos destellos de talento que ya le han valido figurar en algunos premios.

No tantos como Ezra Miller, casi veinteañero de gesto inquietante y complexión alejada de los estándares que se manejan en ‘Transformers’, por ejemplo, que tras dar rostro al problemático Kevin de ‘Tenemos que hablar con Kevin’, ahora se mete en la piel del que será el mejor amigo del protagonista, Patrick. Y este también tiene mucha tela, porque en esta cinta los jóvenes andan perdidos en un mar de existencialismo, dudas y autoafirmación que cada uno lleva como mejor sabe.

Tráiler ‘Las ventajas de ser un marginado’

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