Crítica: ‘El cosmonauta’, de Nicolás Alcalá

 

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Vaya por delante el reconocimiento a la valentía de estos jóvenes por intentar hacer algo que hasta que llegaron ellos parecía impensable en este país. Si los medios hablan de crowdfunding, en parte, es gracias a ellos que han logrado engatusar a más de 4.000 internautas, cinéfilos, productores en potencia, para hacer realidad una película de vocación internacional y ansias por sentar las bases de un nuevo cine autosuficiente. Otra cosa es la calidad del producto.

 

El arranque es más que esperanzador. Y ese es el problema: pone las expectativas muy altas. Lo que viene después, por desgracia, va en caída libre hasta no encontrar paracaídas que amortigüe el tortazo artístico más que cuando la pantalla se funde a negro para dar paso a los títulos de crédito. Es una pena, pero es lo que hay. Esa sensación de cuánto se podría haber hecho con un mejor guion, con una historia que aprovechara el incomparable marco soviético y el de la carrera espacial, es la que el espectador se lleva.

 

Parte de la culpa quizás la tenga el exceso de banda sonora -o de zumbidos, latidos, tic-tacs…- en una película que pide a gritos mucho silencio y escenas reposadas en las que no haga falta recurrir a la cámara lenta y al remarcado. Por momentos parece que Nicolás Alcalá ha querido jugar a ser Terrence Malick, cosa harto difícil, y le ha salido mal. Pero sí deja una impronta positiva en muchos de sus planos, muy estéticos y cuidados que otorgan una serena y desolada belleza a esta película que pone por excusa el espacio para hablar de sentimientos y relaciones humanas.

 

Tráiler de ‘El cosmonauta’

 

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