Crítica: ‘Warrior’, de Gavin O’Connor

Sin pasar por la pantalla grande nos llega a España esta película ignorada por los principales premios que solo logró nominaciones para un sólido Nick Nolte. A él le acompañan sus hijos en la ficción, el inglés de moda Tom Hardy Joel Edgerton, visto en ‘Animal Kingdom’. También otro rostro conocido, el de la inolvidable doctora Cameron en ‘House’, como mujer diez del australiano. En ‘Warrior’, la lucha más extrema luce como nunca. Sin duda, una de las mejores películas de deportes de contacto.

Las MMA (mixed martial arts) reciben una publicidad impagable, con un producto de bella factura, contundente, espectacular, con combates realistas -de lo que pecan muchas otras aproximaciones al género-, y lo hace prescindiendo del morbo de la sangre que, por desgracia, tiñe muchos de estos combates. También una ciudad, Atlantic City, cobra protagonismo y reluce, recordándonos su existencia más allá de ‘Boardwalk Empire’.

Gavin O’Connor, su director, se mejora de forma increíble. Tras varias películas discretas, adopta el ritmo de ‘Cuestión de honor’ y lo funde con la espectacularidad del MMA, deporte en auge que en nuestro país no termina de cuajar. No obstante, vivimos una edad de oro para este tipo de deportes. Así podemos añadir esta a las recientes ‘The fighter’ y ‘El luchador’ (incluso la serie ‘El declive de Patrick Leary’), quedando probablemente entre ambas, en términos de calidad.

Respecto a lo que cuenta, aunque la historia es previsible -dos hermanos separados por la vida a quienes las MMA les unirá en un campeonato que será evento mundial- subyace algo muy americano: una subtrama con raíces en el ejército estadounidense, la guerra de Irak y los héroes de guerra venerados por el patriotismo yankee. Por todo eso, y sin contar que Tarantino la incluyó entre sus diez películas preferidas del año pasado, se merece una oportunidad.

Trailer de ‘Warrior’

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