Crítica: ‘Las vírgenes suicidas’, de Sofia Coppola

Pero… ¿hubo alguna vez cinco vírgenes?

(incluye spoilers)

Me había mentalizado, eliminado de mi organismo cada segundo de aquel bodrio titulado “Lost in translation” con el que ya me engañaron una vez, y me dispuse a dar otra oportunidad a Sofia Coppola. Gran error. A los cuatro minutos (de reloj, no es una expresión) ya sabía que me había equivocado. Quizás el hecho de que un médico hecho y derecho, a quien sólo vemos de espaldas pero percibimos viejo y, por lo tanto, sabio (¿?), le espete a una niña de trece años que acaba de intentar suicidarse lo poco que ella sabe de la vida me hiciera sospechar de lo que estaba viendo. Pero quedó confirmado con la respuesta de la niña, que consigue situarse en un curioso lugar: imposible oírla nunca en los labios de una niña, pero al mismo tiempo ridícula como si de verdad el que la pronunciase tuviera esa edad (sin querer ofender a las niñas de esa o ninguna edad, por favor). En ese terreno se mueve la película: en el del rídiculo. El guión, firmado por la propia Coppola, propio de alguien que permaneciese estancada en una adolescencia mental y se viese de casualidad en la posibilidad de filmarlo, desaprovecha la interesante premisa de la novela de Jeffrey Eugenides: la menor de las cinco hermanas Lisbon intenta suicidarse, y los chicos del barrio comienzan a fijar toda su atención en las cuatro bellezas restantes y su opresivo entorno.

Sin embargo, hasta ahí llega lo bueno. Porque a pesar de la sugerente idea inicial, pronto el conjunto hace aguas gracias a un guión escrito por niños para adultos (cuando lo bueno es al revés): ¿Dónde están esos padres tan opresivos, rectos y severos que dejan a su hija rubia y atractiva (vamos, el objetivo de cualquier payaso sin el graduado y con moto) tomar el sol en bikini delante de su casa? Eso sí, mientras vigila a su hermanita con tendencias suicidas, porque se aprecia lo preocupados que están todos por ella… pues no, no se aprecia.  Unos padres tan duros que, en cuanto el psicólogo del colegio (un Danny DeVito cuya aparición no excede los cinco minutos, debió salir corriendo cuando vio dónde se había metido) les propone que aumenten su círculo social preparan una fiesta… invitando a los cuatro pringados del barrio por supuesto. Esos padres terribles que no dudan en enviar a sus hijas con los jugadores de futbol (¿es que no han visto otras películas de adolescentes?) al baile. En definitiva, unos padres que no hacen que nos creamos que son capaces de encerrar a sus retoños en casa, porque no podemos creernos que James Woods, quien parece que está toda la película buscando la tienda del pan y a quien no dejan terminar más que dos frases en toda la película sea capaz de hacerle eso a las chicas, junto a una madre que resulta anónima, ausente, con cuatro frases supuestamente autoritarias para que nos creamos que es la mala del reino (seguro que la idea era proyectarla de forma que gobernase la casa silenciosa y maquiavélicamente, aprovechando lo calzonazos que resulta el padre, pero no lo consigue precisamente).

En cuanto a los chavales obsesionados, cuyas vidas han sido marcadas… ¿dónde está todo eso? ¿Dónde la obsesión y la marca? Sólo se ve a cuatro pringados que, siendo tan sentimentales, románticos y soñadores como para leer el diario de la pequeña a escondidas y viajar con el resto por todo el mundo en unas guías de viaje (¿a qué clase de chicos a conocido Sofia Coppola?) no lo son lo suficiente como para tener el más mínimo escrúpulo a la hora de ver por el telescopio como la fiera de las Lisbon se lo monta con cualquiera en el tejado.

Por supuesto, no falta el guapo de la función, Josh Harnett, quien por obra y gracia de una peluca se convierte en Trip, protagonista de uno (uno solo, hay muchos más) de los momentos que cruzan la barrera del esperpento en la película: esa especie de videoclip a mayor gloria del objeto de deseo del barrio. Ignoro si el objetivo de Coppola es que moje la ropa interior, pero como no soy mujer y todavía controlo esfínteres, me contenté con no mojar la exterior procurando no vomitar. El ligón de turno, a quien no se le resiste nada con curvas se queda prendado de la más ardiente de las Lisbon, y no parará hasta llevársela no al huerto, sino al campo de fútbol, y abandonarla cual kleenex. Pero no os preocupéis, tendrá su justo castigo por tratar así a las mujeres y acabará expiando sus culpas en un centro de rehabilitación (¿de qué?, no se explica, aunque algo me huelo que de la ropa hortera), porque así no se puede tratar a unas chicas tan dulces, mágicas, castas, adorables e incomprendidas. En resumen, tan vírgenes suicidas.

¿En serio? Está claro que no. Porque ese es el primer gran problema del conjunto: en esa casa las únicas vírgenes son las que cuelgan de las paredes. Desde el guiño que nos dedica la silueta de Kirsten Dunst en esos créditos de inicio poperos sacados de la MTV más teen, sabemos que estas chicas de vírgenes tienen bastante poco. Las Lisbon no son esas criaturas capaces de enamorar a los adolescentes más soñadores, esos ángeles por los que suspiraremos cuando acabe la película, que nos harán recordar aquellos amores idealizados de colegio, sino un grupo de féminas dispuestas a lanzarse sobre cualquier cosa que tenga pantalones y obtenga el visto bueno de unos (como ya he dicho) no tan duros y religiosos padres, para, pocas escenas más adelante, a través de los recuerdo de un diario, protagonizar un perfecto anuncio de compresas al más puro estilo a qué huelen las nubes y mantenerse en esa indefinición el resto del filme. Aunque más que las hermanas, debería decir Lux Lisbon y hermanas, porque salvo el personaje interpretado por Kirsten Dunst el resto de las chicas se nos presentan como un conjunto, cuatro fantasmas del que apenas nos interesa el nombre, una de ellas suicida por vocación, ya que los motivos que le llevan a ello, y que sí podrían interesarnos, ni se explican ni aparecen por ninguna parte. Sólo un momento se puede conceder, y es, cómo no, para la reina de las suicidas: el momento en el que Lux, tras ser abandonada en el campo de fútbol, regresa a casa desencantada de su vida díscola… lástima que la lección se esfume como por arte de magia y el momento se quede en otro adolescente-incomprendida-quésolaestoynadiemeentiende.

Una dirección correcta, momentos videocliperos y una historia que se pierde según llega a un final plagado de las mismas inconsistencias que el resto (¿por qué hablan a través de discos, por qué no por el teléfono directamente? ¿No se suponía que habían quemado todos los discos de música “malvada”? ¿Y a qué viene que en ese momento se suiciden todas? Dejo todas las explicaciones y los chistes a disposición) se unen a unos personajes vacíos, que nunca parecen estar donde deberían y con los que no podemos llegar a identificarnos, para formar unos de los noventa y seis minutos más sobrevalorados del cine contemporáneo. Un buen material desaprovechado, una historia potente, con ingredientes suficientes para formar por sí sola una gran historia sobre adolescencia, amor, deseo, represión, y quién sabe qué más arrojada directamente a ese limbo donde van las buenas películas que nunca verán la luz, porque alguien se empeñó en filmar la adolescencia sin haberla superado mentalmente, mezclando a un tiempo anuncios de evax, vídeos musicales y las reflexiones de madrugada de unas chicas que un día sin querer rozaron un libro de Salinger al ir a coger su barra de labios más chic.  A mí no me vuelven a engañar.


3 Comentarios

  1. LUCIA 11 julio, 2012 en 17:31 - Responder

    AL FINAL EXISTIERON LAS HERMANAS SUICIDAS O NO?

  2. Leo Castelli 7 marzo, 2013 en 20:34 - Responder

    Nunca he visto esta película, pero he ido leyendo mucho sobre ella, y ahora que termine de leer esta acertada reseña, tengo la sensación de que al momento de verla me voy a poner a llorar de pura vergüenza e indignación…Una cosa mas, de todas formas si hay algo que puedes apreciar merecidamente de esta película y es la banda sonora, que quedo a cargo de Air, un dúo francés de música electrónica y música ambiental. Tan solo hay que revisarlo y vas a darte cuenta que si es bueno…

  3. alskdkfk 26 diciembre, 2013 en 16:40 - Responder

    preciosa pelicula es buenisima y la bella Kirsten Dunst esta fantastica en todo como siempre

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