Crítica: ‘Días salvajes’ de Wong Kar-wai

Los Hong Kong Film Awards del año 1991 fueron casi directos a las estanterías de ‘Días salvajes’ (‘A Fei jingjyuhn’). La película de Wong Kar-wai se hizo con cinco de las nueve nominaciones, incluyendo la de Mejor película. Esto puede ser anecdótico, pero lo cierto es que la fama de ‘Días salvajes’ creció. Las críticas fueron excelentes en distintas partes del mundo. Su segunda película parecía colocar a Wong Kar-wai en lo más brillante del panorama fílmico oriental.

Una historia que mezcla lo criminal y sucio con el más poético romance (como ya ocurría en su primera obra, ‘El fluir de las lágrimas’, -‘As Tears go By’ o ‘Wong gok ka moon’, 1988-), esta de los ‘Días salvajes’ se presenta con una narración más fina, en la que varios personajes se buscan a través de los silencios y las miserias. El amor como punto de unión de todos ellos, la lucha por conseguir moverse en el Hong Kong de los años sesenta y sentirse querido y válido. El difícil carácter del protagonista masculino, Yuddy, pone a las mujeres de ‘Días salvajes’ en una posición incómoda.

De su primera película -arriba citada- repiten actores como Andy Lau, Maggie Cheung y Jacky Cheung. Quien no lo hace es el director de fotografía, que pierde su sitio en favor de Christopher Doyle, el australiano que ha acompañado a Wong Kar-wai en ocho películas. Juntos crean paisajes suaves y hermosos, con unas luces íntimas, cálidas.

‘Días salvajes’ es un poema romántico. Los protagonistas están envueltos en un mundo complejo y así son ellos. El tratamiento del amor, la esperanza y el silencio está cerca al de otras cintas de Wong Kar-wai como la citada ‘El fluir de las lágrimas’, ‘Chungking Express’ o ‘2046’. La melodía es queda y sencilla, pero sus razones son profundas y hacen llaga.

Bonita y sentimental, delicada y un punto complicada de ver si se tienen prisas o se espera que pase algo concreto. La trama avanza por donde quiere o puede, como en aquellas películas de la ‘nouvelle vague’ en las que el argumento no quedaba definido del todo y los directores se especializaban en mostrar sentimientos más que en contar. Una segura rémora para algunos y estoy seguro de que una maravilla para otros. Como desconozco de qué estilo es usted, querido lector, no puedo hacer si no advertir.

Son noventa minutos. No se pierde mucho y contiene escenas de exquisita belleza. Última apreciación: como siempre cuando de películas orientales se trata, mi más vehemente recomendación de que la vean en versión original.

Deje su comentario