Cine japonés

Crítica: ‘Hara-kiri: Muerte de un samurái’, de Takashi Miike

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El hiperactivo, aunque de cámara lenta, Takashi Miike nos presenta una película de samuráis y ronin (como los anteriores pero sin señor) en la que las catanas tienen su importancia pero no al estilo al que el cine oriental -o él mismo- nos ha acostumbrado de peleas ingentes y constantes, aunque el guiño al género es inevitable. De hecho, el trabajo de Miike es un remake -dicen que muy fiel- al original firmado por Kobayashi hace medio siglo.

Es una película que golpea de lleno nuestros prejuicios sobre el cine de samuráis en sus primeros compases en los que nos percatamos que estamos ante algo diferente, reflexivo, donde el honor y la tradición japonesa pesan mucho más que el correcto manejo de la espada. El problema surge después, cuando nos cuenta la historia de los ronin que acuden a suicidarse, pues una buena elipsis nos habría ahorrado fácil media hora de metraje porque lo que se cuenta, con escaso ritmo, poca luminosidad y escuetos diálogos, se podría haber resumido.

Crítica: ’13 asesinos’ de Takashi Miike

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El japonés Takashi Miike, director con una larga carrera a sus espaldas, se pone a los mandos para traernos el remake de ‘Jûsan-nin no shikaku’ (‘The Thirteen Assassis’, Eiichi Kudo, 1963). Una historia clásica narrada en el Japón del periodo Edo: un grupo de samuráis se embarcan en una misión poco menos que suicida para librar al pueblo de las atrocidades que está cometiendo el noble Matsudaira. En un tiempo difícil para los samuráis, Shinzaemon Shimada y sus compañeros de armas optan por servir a su señor de la forma más terrible. El código del samurái les invita a dar su vida en la lucha. El joven noble debe morir. El pequeño grupo de trece se las tendrá que ver con el numeroso séquito de Matsudaira.

’13 asesinos’ ha tenido buena acogida entre los amantes del género. Aunque la batalla está siempre presente y las peleas se llevan gran parte del metraje, la película mantiene ese rictus del samurái. ’13 asesinos’ aborda la realidad de los abusos en el Japón feudal, la injusticia y la brutalidad contra el pueblo. Los samuráis y su extraño código, que les lleva a morir por su señor. El poder de los clanes, la corrupción en la casa del shogun. Pese a ser fundamentalmente una película de acción, incluye la crónica de aquel tiempo. En ese sentido, recuerda los manga de Kazuo Koike (‘El lobo solitario y su cachorro‘, ‘Asa, el ejecutor’): violencia, crueldad, injusticia. Por otro lado, la capacidad de los hombres para asumir su papel en la vida, por aterrador que éste sea. Hay un punto de tranquilidad en la narrativa. De vez en cuando, los samuráis bromean, ríen. El cóctel asusta (o al menos sorprende).

El intendente Sansho (Kenji Mizoguchi, 1954)

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Crueldad intolerable

El cine japonés siempre ha dado títulos en los que la violencia, la injusticia y la brutalidad estaban presentes. Muchas han hablado sobre la época feudal de aquel país. Sin ir más lejos, en el año 1954 se estrenó, además de ‘El intendente Sansho’, la película de Akira Kurosawa ‘Los siete samuráis’. Los que conozcan este film sabrán que violencia, injusticia y brutalidad hay para rato (para más de tres horas de película, de hecho). También llama la atención que tanto una como la otra ganaron el León de Plata en el Festival de Venecia de aquel año 1954. Cosas de la vida.

De ‘El intendente Sansho’ se dice que es una de las mejores películas de la historia, particularmente del cine japonés. Esta cinta de Mizoguchi es muy apreciada por los cinéfilos (tómenlo como prefieran).  Esta es su historia: cuando el gobernador es obligado a exiliarse, su familia quedará sola. Su mujer y sus dos hijos, Zuhshiô y Anju, se verán entonces en mitad de un viaje hacia otras tierras. Pero la mala suerte se ceba con la familia. Engañados, son vendidos como esclavos. Los niños son separados de su madre y enviado a las tierras del terrible Sansho. Así arranca esta pieza soberbia de maldad y supervivencia.