Paolo Sorrentino arriesga en esta cinta el prestigio ganado con ‘Il Divo’, un excelente retrato político de la corrupta Italia contemporánea, y que le sirvió para encandilar a toda una celebridad de Hollywood como Sean Penn para este proyecto sobre una estrella de rock retirada, sosias del líder de ‘The Cure’, pegada a una maleta, o un carrito, tanto da, con una vida anodina que se enfrasca en un viaje vital con la excusa de encontrar al anciano nazi que humilló a su padre en Auschwitz.
Se trata de una película excesiva; unas cosas funcionan, otras no. Desprende lirismo en cada plano, para mayor gloria de su director, y, al principio, sabe acompañarlo de cierta comicidad elegante, sutil e irónica. Por desgracia -o no-, esto se transforma en una sucesión de situaciones absurdas en la línea de los filmes de Wes Anderson en que en vez de viajar a Darjeeling se adentra en la América profunda. Ahí es donde sobran planos y escenas, como la del indio o el recortable cameo de David Byrne, cantante de Talking Heads, autores de la canción que da título a la película (en el original: ‘This must be the place’).






