Category Archives: Cine francés

Programa doble: pozos petrolíferos


Algunos clásicos como ‘Gigante’ y la serie ‘Dallas’ ya abordaron el tema del crudo, que es universal, así que nos embarcamos en este viaje que nos lleva de la península arábiga a California. ‘Oro negro’ y ‘Pozos de ambición’ comparten materias primas (petróleo, ambición y rencor) pero se distinguen en lo fundamental, en su ejecución; discreta la francesa, un must-see la americana.

 

Estrenos: ‘Intocable’, Olivier Nakache, Eric Toledano

Existe el talento. Existe la capacidad de planificar una obra cinematográfica con cuidado y tino. A menudo, el hacer algo bueno o cualquier churro depende de la dedicación y la honestidad con la que uno se toma la tarea. Fíjense en el ejemplo de ‘Intocable’. No hay nada que huela más a manido que el argumento de esta película: un joven negro, pasota y porrero de los suburbios, es contratado por un multimillonario elitista que, lamentablemente, está paralizado en una silla de ruedas. Pero en sus corazones, este extraño duo se quiere y se respeta, cada vez más. Juntos demuestran que cualquier vida, si se llena de amor, puede ser plena.

A simple vista, apesta a decepción y pastelería. Por suerte, un grupo de amigos me llevó en volandas a la sala de cine. Estaba repleta y yo allí, en la butaca, pasé uno de los mejores ratos de los últimos tiempos. La gente reía a carcajadas con las naturalísimas ocurrencias del joven ayudante. El postrado aristócrata empezaba a revivir, era feliz. ‘Intocable’ es una película indispensable por divertida, vibrante y vitalista.

Crítica: ‘Declaración de guerra’, de Valérie Donzelli

Se trata de la tragicomedia que Francia presentó a los Oscars para el premio a mejor película en habla no inglesa y, aunque superó el primer corte -no así nuestra ‘Pa negre’- no logró colarse entre las cinco candidatas. Y es que aunque se trata de un buen filme es muy personal, tanto en la historia que narra como en las formas, y eso desconcierta por momentos. Ejemplos de ello son el narrador que luego torna en narradora, la carrera alocada por el hospital marsellés y alguna otra escena más propia del videoclip que del cine.

 Por suerte, el trabajo de Valérie Donzelli, codo con codo con su marido Jérémie Elkaïn (guionistas y protagonistas, también en la vida real), posee varios puntos fuertes que hacen que olvidemos lo anterior y nos sumerjamos en una historia que destila optimismo (de ahí el título aunque éste prometía más fuerza) y cuya mejor virtud es su veracidad. Es lo que tiene la vida, que inspira este largometraje, que por desgracia ofrece las mejores historias.

Crítica: ‘The French Kissers’, de Riad Sattouf

Grata sorpresa en el trillado género del cine adolescente. Riad Sattouf, en su opera prima que le reportó un premio Cesar en 2009, se aproxima al mundo del púber y su descubrimiento de la sexualidad y sabe hacerlo con gracia, con momentos desternillantes, no tanto por su inverosimilitud, sino por todo lo contrario. Quien no se sienta identificado es que vivió una curiosa adolescencia.

El reparto juvenil, en su mayoría debutantes, aporta el toque de frescura y naturalidad que un filme de este tipo pide a gritos. Y da igual que se trate de un colegio público o privado, que sean inmigrantes o galos de pura cepa, ni que concurran distintas clases sociales, pues lo que cuenta su director es universal y no entiende más que de etapas vitales.

ESTRENOS: El ilusionista (Sylvain Chomet, 2010)

Chomet dibuja un homenaje a Tati

Jacques Tati fue un cineasta de rutilante talento. Sabio, agradable, fino en la crítica y poseedor de un humorismo singular. Inolvidables títulos como ‘Les vacances de Monsieur Hulot’ y ‘Mon Oncle’ le reservaron un sillón dorado en la Historia del Cine. Con mayúsculas. Tati falleció en el año 1982. Realizó seis largos. Dejó escrito el guión de una obra que ahora ve la luz, ‘El ilusionista’, una obra maestra de la animación, una joya inolvidable.

Sylvain Chomet (‘Les triplettes de Belleville’), cuatro veces nominado al Oscar por trabajos en películas de animación, ha querido rendir un verdadero homenaje a Jacques Tati al adaptar su guión. ‘El ilusionista’ cuenta la maravillosa historia de un mago francés que ve comenzar la segunda mitad del siglo XX. Los nuevos entretenimientos han logrado el desastre: la gente ya no se emociona con sus trucos. Abatido, el mago Tatischeff (dibujado a imagen de Tati y nombrado con su verdadero apellido) viaja de París a Londres, pero no hay suerte. Los grupos de rock han acabado con el ilusionismo. Pone rumbo a Escocia, donde una joven muchacha sin familia queda prendida de la figura especial de Tatischeff y de sus efectos de ilusión. Ella sí cree en la magia. Juntos viajan a Edimburgo para ganarse la vida.

El caso Farewell (2009, Christian Carion)

Mi cita de esta semana con las salas comerciales y los estrenos la he tenido con una peli francesa. Una película de espías que se llama ‘El caso Farewell’ y que cuenta uno de los episodios más importantes de salida de información desde la URSS a Occidente de toda la Guerra Fría. Dos hombres pugnan en esta batalla. Un francés, Pierre Froment (Guillaume Canet), que trabaja para una firma occidental en Moscú. Desde luego no es ningún espía, pero su jefe trabaja para la DST y a Pierre le tocara hacer de chico de los recados. El ruso es el coronel Sergei Gregoriev (Emir Kusturica). Decepcionado por el sistema soviético se decide a contrubuir a su final. Para las potencias implicadas (para Mitterand y Reagan) el “affaire Farewell” se convertirá en una misión de altísima prioridad, ya que las informaciones entregadas por Gregoriev son de lo mejor nunca visto.

Así las cosas, Moscú afronta su papel como escenario de esta trama. Un juego entre dos hombres y el poder represor de la Rusia comunista. Ambos arriesgarán mucho, mintiendo a su familia y tratando de esquivar a la policía. ‘El caso Farewell’ parece seguir en algo la senda de ‘La vida de los otros’ (Henckel-Donnersmarck, 2006), demostrando plano a plano las profundas grietas del plan soviético. El miedo a la delación siempre presente, las colas para el abastecimiento, los viejos vehículos, las esculturas castrenses -de cemento y formas poligonales-, aquellos edificios majestuosos y adustos.

La golfilla (1979, Jacques Doillon)

Rebuscando por ahí encontré ‘La golfilla’ (‘La Dròlesse’), una película francesa fascinante, nominada a la Palma de Oro en Cannes. El argumento es el que sigue: la pequeña Mado tiene once años y su infancia no es feliz. En un par de escenas conocemos su desazón, su profunda tristeza al no sentirse amada. En el pueblo hay un joven de diecisiete. François es un chico solitario. Se diría que tan triste o más que la pobre Mado. François se cruza con ella en la carretera de cuando en cuando. Frustado por su existencia gris, apocado, François se alegra con la dulzura de la niña. Hasta que un buen día decide secuestrarla. Pero, ¿cuáles son sus intenciones reales?

‘La golfilla’ es un cuento sobre la soledad y la falta de amor. Por qué no decirlo así, nos habla de unos jóvenes marginados. De una forma rara (con la retención de la niña) ambos encuentran cariño. Alguien con quien estar, con quien hablar y compartir sueños.

Comienza el rodaje de “Insensibles”

Escena de la película "Insensibles"

Àlex Brendemühl, Tómas Lemarquis, Juan Diego y Derek de Lint
dan vida a los protagonistas de este thriller con trasfondo histórico

El pasado domingo 17 de julio se inició el rodaje de “Insensibles”, primer largometraje del cortometrajista franco-español Juan Carlos Medina, con guión de Luiso Berdejo (“[Rec]”) y el propio Medina, y cuyo reparto está encabezado por  Àlex Brendemühl, Juan Diego, Tómas Lemarquis, Derek de Lint, Ramon Fontserè, Silvia Bel, Félix Gómez, Bea Segura, Lluís Soler e Irene Montalà.

Esta coproducción hispano-franco-portuguesa participada por Roxbury Pictures, A Contracorriente Films, Les Films d’Antoine, Tobina Film y Fado Filmes, en colaboración con Televisió de Catalunya, se rodará durante 7 semanas en localizaciones de Cataluña y Huesca.

Insensibles cuenta la historia de un brillante neurocirujano, que necesita un trasplante de médula y que tiene que encontrar a sus padres biológicos para sobrevivir. Todas las respuestas sobre su origen están ocultas en un pasado de silencio y misterio. En su búsqueda, descubre que durante la Guerra Civil un grupo de niños nació con un extraño y desconocido mal: eran insensibles al dolor físico.

Mademoiselle Chambon (Stéphane Brizé, 2009)

 

‘Mademoiselle Chambon’ es una película extrañamente sencilla sobre el amor. El amor puro, casual, delicado. El amor radical, sutil y respetuoso. El amor imposible. Jean (Vincent Lindon) es un albañil, un maçon que vive y trabaja. Según le conocemos no nos parece un hombre infeliz. Al contrario. Está casado y tiene un chico, hincha del Barça con camiseta y poster de Alves en su habitación. Se divierten y se quieren. Todo parece funcionar de maravilla en su familia. Un buen día, a su mujer le ataca una lumbalgia. Jean tiene que ir a recoger al pequeño Jérémy al colegio. Allí conoce a su maestra, Mademoiselle Chambon (Sandrine Kiberlain), una mujer igual de callada y suave que Jean.

 

Mademoiselle Chambon vive sola, con su violín y sus libros, en paz. Por alguna razón no aclarada no suele quedarse más de un curso en ninguna escuela. El primer contacto visual de la pareja precipita una tímida propuesta que Jean acepta. A partir de entonces, y yendo a través de los caminos de azar, aquellos dos van tomando conciencia de sus sentimientos, en un diálogo de silencios y miradas con la música del violín de la maestra como fondo. Quizás el cambio buscado por Mademoiselle Chambon tenga a ojos del espectador más sentido que el de Jean (que, como ya hemos dicho, parece un hombre feliz).

Crítica: Copia certificada (Abbas Kiarostami, 2010)

‘Copia certificada’ (‘Copie conforme’) es la última película del iraní Abbas Kiarostami, director de prestigio entre la crítica oficial y que ha conseguido llevarse con este film su segunda Espiga de Oro (la primera fue por ‘A través de los olivos’ –SEMINCI 1994-). La vi en su momento en una sala comercial, y tomé algunas notas, por si me decidía a discutir la opinión establecida sobre ella.

A pesar del júbilo con que el jurado del Festival de Valladolid acogió esta película, yo me veo en la obligación de ponerle pegas, porque deja mucho que desear, desmereciendo así el valor de la Espiga que se le ha otorgado. Conste que suelo esforzarme en mirar con mayor cuidado allí dónde los que saben más que yo han visto algo importante (como todos, trato de aprender), pero en esta ocasión, me siento desbordado.

El principal escollo de ‘Copia certificada’ parece ser la falta de calidez, el tono duro y esas maneras de documental. Lo siento mucho, pero al igual que el teatro no es lo mismo que la novela, tampoco el documental es cine. Yo no sé si el realizador ignora este punto o es que nos encaminamos hacia una renovación del arte cinematográfico en este sentido. Pero esa es otra historia. Tampoco entro a valorar las semejanzas con ‘Te querré siempre’ y el asunto Rossellini.