Programa doble: pozos petrolíferos


Algunos clásicos como ‘Gigante’ y la serie ‘Dallas’ ya abordaron el tema del crudo, que es universal, así que nos embarcamos en este viaje que nos lleva de la península arábiga a California. ‘Oro negro’ y ‘Pozos de ambición’ comparten materias primas (petróleo, ambición y rencor) pero se distinguen en lo fundamental, en su ejecución; discreta la francesa, un must-see la americana.

 

ORO NEGRO (Jean-Jacques Annaud, 2011)

 

Un sultán y un emir, en las primeras décadas del siglo XX, enfrentados por un trozo de tierra minado de petróleo al que denominan el Cinturón Dorado y un hijo ofrecido como garantía de paz son los ingredientes principales de este filme francés que bebe de los clásicos -su banda sonora evoca a ‘Lawrence de Arabia’- pero que debe lidiar con numerosos lastres como el arbitrario empleo de “Alá” y “Dios” o el aspecto paródico que adopta por momentos, sobre todo en la sobreactuación de Antonio Banderas, bastante flojo si lo comparamos con Mark Strong, inesperado árabe -no tanto si recordamos su papelón secundario en ‘Red de mentiras’- que siempre cumple. Además, Tahar Rahim, descubierto a lo grande con ‘Un profeta’, apunta que aquello no fue casualidad. Por contra, muy desaprovechada la hindú Freida Pinto. No hay que olvidar que tras las cámaras se encuentra Jean-Jacques Annaud, que firmó un par de acertadas obras (‘El nombre de la rosa’ y ‘Enemigo a las puertas’) y de ello vive. No es buena y apenas entretiene.


POZOS DE AMBICIÓN (There Will Be Blood) (Paul Thomas Anderson, 2007)

 

La primera y sustancial diferencia la encontramos en la dirección. Paul Thomas Anderson regresó con esta película por la puerta grande tras haber firmado las esenciales ‘Boogie Nights’ y, sobre todo, ‘Magnolia’. Y es que ‘There will be blood’ -me niego a emplear la sacrílega traducción- es un gran largometraje de un excelente director.

La historia no es novedosa, aunque sí su crudeza. Daniel Day-Lewis se convierte en un ser despiadado, mucho más que en ‘Gangs of New York’, cegado por la ambición y el poder, rabioso por expandir su empresa y llegar al mar. Sin escrúpulos, con una difícil relación con su hijo y aún más complicada e irritante con el predicador local, un sorprendente Paul Dano. Y rematando el conjunto, la música de Jonny Greenwood, de Radiohead, que brilla en una escena marca de la casa, el plano secuencia que se convertirá en punto de inflexión entre el padre y el hijo. No es perfecta pero sí es cine con mayúsculas.

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