Programa doble: aproximación al ladrillo español

El cine español ha tardado un tiempo en acercarse a una de las realidades con la que hemos convivido en este país: la corrupción urbanística. 2011 parece que fue la fecha elegida para abrir una nueva veda en nuestro cine, si bien la primera propuesta de entidad y calidad tuvo como destino la televisión. Me refiero a la aclamada serie ‘Crematorio’, de largo la mejor serie española -me atrevería a decir- de la historia.


‘CREMATORIO’ (Serie de TV, Jorge Sánchez-Cabezudo, 2011)

Es sin duda el mejor producto que ha parido nuestro cine, con Jorge Sánchez Cabezudo al frente, con vocación televisiva, adaptando la complicada y excelente novela homónima de Rafael Chirbes. Serie y novela son complementarias, pues el libro se convierte en excusa para rodar un thriller en torno a la figura de un prominente y todopoderoso constructor –Pepe Sancho en el papel de su vida- que campa a sus anchas en Misent, imaginaria ciudad de la costa levantina. Rubén Bertomeu es el prototipo del constructor español que hemos padecido y que tantas administraciones ha corrompido. Él también tiene acceso directo al poder, así como peligrosos tratos con mafiosos. ‘Crematorio’ describe ese clima sin dejar nada en el tintero. Su radiografía es certera; concejales corruptos, abogados lavando dinero, testaferros y matones incluidos. Pero Rubén Bertomeu es persona y sus complicadas relaciones familiares redondean esta ejemplar serie que tiene poco que envidiar a las producidas por HBO o, desde hace unos años, AMC.


‘CINCO METROS CUADRADOS’ (Max Lemcke, 2011)

‘Cinco metros cuadrados’ no solo entronca con la serie por su temática, sino que casi comparten cabecera. Que ambas hayan elegido Benidorm no puede ser casualidad. La película de Max Lemcke da la vuelta a la tortilla y nos muestra las consecuencias de la burbuja inmobiliaria y la falta de escrúpulos de los que manejan el cotarro. Desde luego, más en la onda del cine social español. Fernando Tejero, especialmente, y Malena Alterio sufrirán la desesperación de ver roto su sueño de poseer un piso en propiedad. Realidad pura y dura que muchos españoles han padecido con los numerosos concursos de acreedores que se han sucedido. No es difícil encontrar mini-ciudades fantasma en cualquier sitio. Aquí el malo, el que adopta el rol de Pepe Sancho, es otro grande de las tablas, Emilio Gutiérrez Caba, algo menos elitista que ese Rubén Bertomeu y, por tanto, más reconocible para el ciudadano medio. El papel de concejal corrupto no cambia de dueño: Manuel Morón.

 Podríamos ir más allá y comparar el batacazo de esta edad de oro de la constucción con los albores de la misma, reflejados con parcial acierto por Bigas Luna en ‘Huevos de Oro’, en la que nos avisaba de la escalada del paletismo en el pingüe negocio inmobiliario. Benidorm era también el escenario escogido. Por algo será.

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