Tiburones y tuercebotas
‘El estudiante’ fue una de las películas más reconocidas es el último Festival de Gijón. Mejor película (ex-aequo), Mejor guión y Premio del Jurado Joven. Con estos mimbres, no nos ha de extrañar cuando nos digan que esta cinta argentina es manifiestamente mejorable; no sea porque Gijón sea un desastre, sino porque los festivales de cine rara vez dan en el clavo. Hecha esta salvedad, paso a comentar la película.
Un joven llamado Roque, después de unos cuantos intentos fallidos en el mundo universitario, se matricula en algo así como Ciencias Políticas. Buenos Aires. Aquella facultad es la cuna del ‘pinchauvismo’, oiga. Alborotados estudiantes, engreídos, batalladores. El tal Roque, nuestro protagonista, va y viene. Vive la vida universitaria moderna, consistente en salir de fiesta, consumir sustancias y mantener tempestuosas relaciones sexuales. Hasta que un día conoce a Paula, una profesora militante que le introduce en el mundo de la política. La perdición de Roque será conocer a Acevedo, un ex-político que ahora ejerce el proselitismo académico. Roque se siente atraído por este mundo de enjuagues, traiciones y arribistas.





