El director cántabro Nacho Vigalondo regresa a nuestras pantallas con una historia marca de la casa. Abanderado del cine friqui con capacidad de llegar al gran público, de la ciencia ficción que resulta no serlo tanto, de la comedia de difícil encasillamiento, en definitiva, cineasta empeñado en subvertir los géneros con un estilo que camina entre el cine de autor y el amateur para ponernos una traba en el descubrimiento de su talento. Otra vez más, no olvidemos su opera prima ‘Los cronocrímenes’, vapulea nuestros constructos sobre el cine.
Se basta de cinco actores y, casi se podría decir que le sobran, en el buen sentido. Michelle Jenner, Julián Villagrán, los coconut Raúl Cimas y Carlos Areces y el ultrashowman Miguel Noguera se deslizan por unos diálogos casi tan perfectos como su guion, pues lo que este oculta, es decir, lo que callan los protagonistas, es lo que engrandece el filme. De precisión milimétrica, tanto guion como película, recurre al detalle para diferenciarse de lo que estamos acostumbrados a ver; son muchos, algunos pequeños, otros que pasan desapercibidos, pero todos destilan mucho cine y, también tratándose de Vigalondo, cinefilia.








