Crítica: ‘Caníbal’, de Manuel Martín Cuenca

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Hay que partir de que ‘Caníbal’ es una película difícil, con la que parte del público no terminará de conectar. Quizás eso se deba a la frialdad con la que Manuel Martín Cuenca narra los hechos, o a la distancia que parece tomar con ellos, o a la desnudez a la que somete a su filme, diálogos incluidos, o a la temática que aborda, tan horripilante como atractiva. No en vano, personajes con gustos similares como Hannibal Lecter siguen alimentando secuelas y series de televisión.

Muy posiblemente el Carlos Márquez interpretado con maestría por Antonio de la Torre -el Goya al mejor actor principal ya tiene nombre- no se gane un hueco en el olimpo de los malos malísimos del séptimo arte por “culpa” de la arriesgada dirección de la que vuelve a hacer gala Martín Cuenca, quien regresa al cine negro copiando algunas de las claves que caracterizaron su prometedor debut con ‘La flaqueza del bolchevique’, otra historia de amor imposible.

Crítica: ‘El médico alemán (Wakolda)’, de Lucía Puenzo

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Me temo que Lucía Puenzo es mejor novelista que cineasta (y guionista). Eso queda patente en ‘El médico alemán‘, adaptación de su propia obra, en un momento determinado en que, sin aparente justificación, la cinta se vuelve muy turbia. Justo cuando los personajes interpretados con solvencia por Natalia Oreiro y Diego Peretti se transforman y transmiten un desasosiego hasta entonces inexistente.

Pero esta película tiene un claro referente: Àlex Brendemühl. El actor español borda su inquietante biopic sobre Mengele, infame protagonista del nazismo y de su deriva genetista y científica basada en la experimentación (y tortura) con humanos. Sin embargo, queda la sensación de que la directora argentina bien podría haber exprimido más ese papel pero, como con casi todo lo demás, prefiere las medias tintas.

Crítica: ‘The Bling Ring’, de Sofia Coppola

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Sofia Coppola, definitivamente, ha perdido la brillantez que apuntaba en sus primeros filmes. Ahora, totalmente entregada a retratar el glamour, el hastío y el nihilismo de las colinas de Los Angeles, vuelve a ofrecernos un producto estéticamente resultón pero tan vacío como aquello que pretende denunciar. Y lo que podría ser un acierto se me antoja más un conformismo que a la artífice de ‘Lost in Traslation’ no debemos concederle.

‘The Bling Ring’ a buen seguro hará las delicias de aquellos que aún añoran títulos como ‘Menos que cero’ que ya en los ochenta alertaban de la peligrosa deriva hacia la que se dirigían los jóvenes pijos californianos. El siglo XX quedó atrás y los adolescentes -algunos- son ahora más parecidos a lo que Harmony Korine mostró en ‘Spring Breakers’, con la que podría montarse una perfecta sesión doble en la que los porros y la coca -mucha coca- y los temas musicales del momento se alcen como máximo exponente de entretenimiento para esta juventud posmoderna tan desnortada.

Crítica: ‘Gravity’, de Alfonso Cuarón

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‘Gravity’ debuta con una escena inicial (plano secuencia) memorable y que desde ya, por derecho propio, forma parte de la historia del cine. Así, como suena. Es el anticipo de una gran película fácilmente catalogada de obra maestra por aquellos que se dejen llevar por el innegable poderío visual de esta lucha por la supervivencia que nos muestra el espacio como nunca antes, ni siquiera Kubrick, nos lo habían contado.

Tras ese deleite visual, que en 3D debe de merecer todos los céntimos de la entrada, se esconde un guion nada sobresaliente, aunque tampoco es que eso importe, y numerosas concesiones al cine de los grandes estudios cuando se enzarza en busca de la épica en plena catástrofe aeroespacial. Incluso ecos del mismísimo Terrence Malick encuentran su hueco en lo mejor -aunque no precisamente por esto- del cineasta mexicano Alfonso Cuarón.

Crítica: ‘Las brujas de Zugarramurdi’, de Álex de la Iglesia

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Si los americanos tienen a Tim Burton, está claro que nosotros tenemos a Álex de la Iglesia. ‘Las brujas de Zugarramurdi’ es otra muestra más del cine cómico, esperpéntico y grotesco al que nos tiene acostumbrado (con mayor o menor acierto) el expresidente de la Academia de Cine. En esta ocasión se ven similitudes con una de sus obras más grandes, pero también más polémica, como es ‘Balada triste de trompeta’.

El parecido se aprecia desde los títulos de crédito iniciales que recuerdan mucho a los de aquella, aunque ahora los Dalí, Franco y compañía dan paso a una retahíla de -supuestas- brujas. Y como en la película de los payasos, el inicio es lo mejor, con un atraco rodado de manera ejemplar al compás de la música de Joan Valent. A lo largo del filme se advierten otros destellos de calidad, pero ya todo estará abocado al desenfreno sin guion.

Crítica: ‘Rush’, de Ron Howard

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Ron Howard se atreve con el complicado mundo de la Fórmula 1, nunca bien retratado en el celuloide, y nos lo presenta en una época “de película”, valga la licencia, en la que existía cierto margen más allá de las centésimas en las que se disputa todo en la actualidad. Un contexto que explica la coexistencia de dos genios del volante tan antagónicos: Niki Lauda y James Hunt. Y esa historia, la tantas veces vista de una rivalidad deportiva que trasciende más allá del circuito, bien merecía un largometraje a su altura. Y, aunque parezca increíble, ‘Rush’ lo consigue.

El automovilismo profesional y el cine no se llevan. Lo más decente que había salido en más de una década era la fantasmada de Sylvester Stallone sobre la Indy Car en ‘Driven’. El documental ‘Senna’, imprescindible, juega en otra liga. Y para encontrar algo bien hecho debíamos remontarnos hasta títulos ya clásicos de John Frankenheimer o ‘Las 24 horas de Le Mans’ con Steve McQueen. Pero ‘Rush’, además de destilar Fórmula 1, también hilvana una buena historia, si bien simplifica un tanto la realidad, siempre por exigencias del guion.

Crítica: ‘La gran familia española’, de Daniel Sánchez Arévalo

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La gran familia española’ tiene la extraña virtud de empezar terriblemente mal y acabar de la mejor manera posible. Esta tragicomedia esconde un elaborado guion que contrasta con su aparente sencillez y banalidad. La final de España en el Mundial de Sudáfrica no es más que una excusa bien teledirigida para enmarcar unas cuantas rencillas familiares y líos amorosos que toman la boda del menor de cinco hermanos como su campo de batalla. Más o menos, como la vida misma.

Daniel Sánchez Arévalo se rodea de sus amigos y vuelve a contar con Antonio de la Torre, Quim Gutiérrez o Raúl Arévalo, soberbio aunque solo esté presente en cameos. Los hermanos en la ficción de De la Torre y Gutiérrez son Roberto Álamo, quien poco a poco se descubre como el principal elemento cómico, Miquel Fernández y Patrick Criado, mucho más correcto en sus escenas con Arantxa Martí y Sandra Martín en las que es más parco en gestos y se mimetiza con su personaje adolescente. A ellos se suman el cabeza de familia, Héctor Colomé, y la siempre espléndida -en todas sus acepciones- Verónica Echegui, que llama a las puertas de los Goya.

Crítica: ‘Cruce de caminos’, de Derek Cianfrance

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El título español para el original ‘The place beyond the pines’ nos recuerda que el segundo trabajo de Derek Cianfrance -tras debutar con ‘Blue Valentine‘ es desde ya un director al que hay que seguirle la pista- es un compendio de tres películas en una. Es quizás eso lo que deja en notable esta obra que en su tráiler apuntaba a obra maestra. Y ocurre porque sus historias no funcionan igual de bien, aunque en todas ellas nos esperan escenas de un exquisito cine.

La primera es la que abandera Ryan Gosling y la que más recuerda a esa ‘Blue Valentine’ en la que todos los diálogos tienen poso y no hay fotograma que no pretenda trascender y cargar de intensidad el escenario. Incluso recuerda bastante al trabajo que encumbró a Ryan Gosling como estrella, ‘Drive’, con cuyo personaje comparte su vida al margen de la ley, su habilidad para la conducción e, incluso, luce una genuina chupa que Cianfrance no duda en perseguir en la primera escena.

Crítica: ‘Mud’, de Jeff Nichols

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Apunten este nombre: Jeff Nichols. Hace un año dábamos cuenta de su fabulosa carta de presentación en nuestro país, ‘Take Shelter’. En esta ocasión regresa con un título radicalmente distinto, un thriller llevado con parsimonia pero con un interés creciente, en el que vuelve a contar con Michael Shannon, protagonista de ‘Take Shelter’ y actorazo descubierto en ‘Revolutionary Road’ y confirmado en la serie ‘Boardwalk Empire’, que, no obstante, aquí tiene un rol muy secundario.

Junto a él aparecen nombres de postín como Reese Witherspoon y Sam Shepard, ya con mayor peso en la trama, y un más que solvente -y protagonista absoluto-, quién lo iba a decir hacía unos años, Matthew McConaughey que encadena una serie de trabajos de muy alto nivel, tales como ‘Killer Joe’, ‘El inocente’ o ‘Magic Mike’ y futuras apariciones en títulos de Scorsese o Christopher Nolan. Ni rastro de aquella cara agraciada que lucía palmito en obras menores; ‘Mud’ es cine del bueno.

Crítica: ‘Dolor y dinero’, de Michael Bay

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Mientras la taquilla siga avalando el espectáculo hiperbólico que ofrece Michael Bay, este seguirá haciendo las delicias de quienes buscan acción a raudales sin dificultad para seguir tramas predecibles. Y eso que en esta ocasión lo hace con uno de los presupuestos más bajos que ha manejado en toda su carrera, 26 millones de dólares invertidos en contarnos una increíble, por estúpida, historia real ocurrida a mediados de los noventa en la Miami de gente guapa.

Una improbable banda de culturistas y amantes del fitness deciden buscar su sueño americano al más puro estilo ‘Scarface’ o en la línea de un sinfín de películas que giran en torno al tópico de hombre hecho a sí mismo. Un grupo liderado por Mark Wahlberg, más hinchado que nunca y que desde ‘The Fighter’ parece más centrado en engrosar su cuenta que en buscar papeles de categoría, a quien acompaña Dwayne Johnson, un habitual de la acción que exhibe musculatura en un filme que apenas afronta el tema de los esteroides.