Crítica: Valor de ley (2010, Joel y Ethan Coen)


Han tenido que pasar casi tres años para que los Coen volvieran a hacer una película en condiciones. Se tomaron  un respiro después de ganar tres premios de la Academia con ‘No es país para viejos’. En ese periodo filmaron una comedia ácida un tanto irregular (‘Quemar después de leer’, 2008) y la broma privada que fue ‘Un tipo serio’ (2009). Acaso el respaldo que les dio los Oscar les permitiera esta pequeña aventura; ahora que han vuelto a hacer buen cine, no lo quiero pasar por alto. Diez nominaciones, incluyendo la de Mejor actriz de reparto para la jovencísima Hailee Steinfeld. Tanto los Coen como Jeff Bridges optan a estatuilla. Vamos al grano de este ‘Valor de ley’ (‘True Grit’).

En el año 1968, el Saturday Evening Post publicó una novela de Charles Portis en la que se narraba la caza del hombre que una niña de catorce lidera para vengar la muerte de su padre. Un año después, Henry Hathaway rodó el film, el primer ‘Valor de ley’, cinta de éxito y por la que John Wayne ganó su único Oscar. La nueva versión de los hermanos Coen, contando la misma historia, moviéndose en territorios comunes, posee suficiente calidad como para tener interés por sí misma. Si hubiera sido una película más pobre, probablemente ese interés quedaría bastante reducido, pero es una creación personal, cargada de humor y con el buen hacer a que nos tienen acostumbrados los hermanos -cuando se ponen a trabajar en proyectos serios-. Lo malo es que cuando ya existe una buena película para contar una historia, al volver a contarla –aunque sea cuarenta años después- es imposible no hacer comparaciones.

Quien conozca la película de Wayne y vea ahora este remake verá enseguida que las diferencias son verdaderamente pocas en cuanto a narración. Existe un punto de vista algo modificado, eso sí, lo que perfectamente pueda ser achacable a la evolución de los tiempos. Ciertas cosas se omiten y otras han sido rescatadas de la novela de Portis. El humor de los Coen es algo más ácido que el de Hathaway y sus personajes más ostentosos. Algunos podrán incluso encontrar sobreactuada la interpretación de Bridges: quizás demasiado torpe y borracho; es más vistoso, pero eso dificulta profundizar en el personaje.

El remake es menos película de aventuras y tiene más de crónica de aquellos tiempos, donde los forajidos eran terribles y el juez Parker –el Juez de la Horca- administraba rectamente la ley en Fort Smith. Los tonos verdes y azules que eligió Hathaway han sido cambiados por otros grises y ocres, que combinan con los bosques nevados. Los personajes, aún siendo tan cabezotas como los de 1969, son más individualistas. No hay valores grandiosos, universales. Parece que cada cual va por libre, guardando para sí sus razones. Es, bajo mi punto de vista, la mayor pega de la película. La historia de Portis es sólida, los Coen saben rodar y las interpretaciones son estupendas -aunque Matt Damon está como embutido en ese abrigo-; ‘Valor de ley’ es una buena película pero se echa en falta una mayor profundidad a la hora de abordar los motivos que mueven a los personajes a embarcarse en tal cabalgata. La persecución debería importar menos que los porqués. Los Coen logran fotografiar un ambiente hermoso aunque tal vez recargado, lo que perjudica a las ideas fuertes de la narración.

La música, a cargo de Carter Burwell, colaborador habitual de los Coen, toma como base la melodía del himno religioso ‘Leaning on the everlasting arms’. La presencia de la fe y de la tradición es evidente, pero creo que, de nuevo, tiene menos arraigo en el argumento. Los tiempos cambian, y a lo mejor tanta tradición era difícil de vender. ‘Valor de ley’ está siendo un éxito de taquilla mas la contrapartida es una película bastante menos trascendente que su predecesora. Se ha optado por esta fórmula y me parece bien, pero creo que si tengo que elegir me quedo con la cinta original de John Wayne, por mucho que me gusten los Coen y Jeff Bridges.

Un comentario

  1. juan julio de abajo 26 febrero, 2011 en 11:54 - Responder

    En las últimas décadas, ante la psicosis de falta de temas, los norteamericanos (otras cinematografías también) han optado por los «remakes». Y en raras ocasiones un «remake» supera o iguala al original. Un «remake» no deja de ser una carencia de ideas; una falta de visión preclara de un tema original o la adaptación de una buena novela, que las hay.

    El «VALOR DE LEY» de Henry Hathaway, del año 1969, era una obra «clásica» por muchos motivos: su realizador, un pionero del cine de USA; John Wayne, que empezó en el cine mudo, y no se lo voy a descubrir a estas alturas; tipos como Robert Duvall, Strother Martin o Dennis Hopper, que llegaron muy alto… Y el Oscar a John Wayne, que dijo, emocionado, cuando lo recogía: «Si lo llego a saber, me pongo el parche en el ojo hace años.» Por consiguiente, estamos en la leyenda de lo inmortal, de lo inmarchitable…

    La versión actual, pese a contar con el impecable Jeff Bridges, no llega a la grandeza de lo épico. Los hermanos Coen se mueven en otras aguas y el sentido del «western» auténtico queda deslavazado, sin su grandeza autóctona.

    Esa tendencia a copiar a los que lo inventaron todo y todos bebimos de sus fuentes es tan contagiosa como perniciosa. Hace unos años, un imbécil (Gus Van Sant) tuvo la osadía de rodar, plano por plano, un nuevo «PSICOSIS» (PSYCHO), en el que todo era idéntico: situaciones, diálogos, planificación, música… de modo tan arrogante y miserable que denigra y ofende al entendido.

    Muy pocos «remakes» logran situarse a la altura del original. Incluso con más medios y efectismos gratuitos. No deja de ser un recurso pobre, demostrando la incapacidad de la inventiva de su autor.

    De cualquier modo, «VALOR DE LEY», de los hermanos Coen, es una obra muy aceptable y a tener en franca consideración.

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