Programa doble: subastas de arte

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Trance‘ y ‘La mejor oferta‘ lejos de ser películas calcadas, sí comparten muchas semejanzas para contarnos historias diferentes que divergen en el inicio para encontrarse, cada una a su manera, en unos finales que funcionan de muy distinta forma. Eso sí, ambas nos llevan al mundo de las subastas de obras de arte y lo hacen con apenas un par de semanas de diferencia en nuestra cartelera. Y con el aval de sus directores: Danny Boyle y Giuseppe Tornatore. Pero, ¿por cuál pujar?

TRANCE (Danny Boyle, 2013)

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El robo, y extravío, u olvido, de un Goya es la excusa del británico Danny Boyle para llevarnos del calculado mundo de las subastas de arte al submundo del hampa y del robo de cuadros, siempre de un modo menos refinado que el visto en ‘Headhunters‘. Pero es la profesión que ejerce la Elizabeth Lamb interpretada por Rosario Dawson, psicóloga que basa su trabajo en la hipnosis, la que inspira el título de la película.

James McAvoy pierde la memoria en este filme adrenalínico, donde Danny Boyle muestra sus dotes para imprimir ritmo a la acción, y Vincent Cassel, quien ya está tan acostumbrado a los papeles de malo chuleta que corre riesgo de mimetizarse con sus personajes, trata de hacerle recordar a cualquier precio. Ahí entra en juego una Rosario Dawson que nos regala su anatomía en un par de escenas subidas de tono en un thriller algo previsible.

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LA MEJOR OFERTA (Giuseppe Tornatore, 2013)

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El cineasta italiano nos brinda un trabajo que en su, aproximadamente, primera hora resulta ser una joya de cine clásico, capaz de contar una historia con oficio, tino en los tiempos y elegancia en los planos. Es en ese tramo donde se nos presenta a un Geoffrey Rush maniático e incapacitado para el amor que borda su papel de experto subastador y anticuario que encuentra en una enigmática clienta con agorafobia una fuga para su abrumador autocontrol.

Y lo que en un principio añade un elemento perturbador, inquietante y juguetón al asunto, de pronto se convierte en una historia inverosímil y cogida con alfileres. Más, si cabe, cuando Giuseppe Tornatore se empeña en que dejen de suceder cosas y en un triste y barato truco de chistera traiciona lo que apuntaba a obra memorable. No en vano, el regusto es terriblemente amargo; por lo que pudo haber sido y no fue. Aun así, seis premios David di Donatello reconocen su buena dirección, la excelente música de Ennio Morricone o su logrado diseño de producción.

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