Parafraseando a su protagonista, las tragedias en Hawaii no son menos duras pero, bajo la óptica de Alexander Payne, el drama se hace más llevadero. Un film que sigue la estela de ‘Entre copas’ -aunque aquí el trasfondo es mucho más trascendental-, administra con maestría los tiempos y suministra los toques cómicos con cuentagotas, muy lejos de la saturación a la que la industria recurre generalmente.
Es, posiblemente, la obra más redonda de su director. A ello ayuda la compleja interpretación de George Clooney, llena de matices que le hacen merecedor de los premios y nominaciones que acapara estos días. Quién habría dicho hace más de quince años que el doctor Doug Ross de ‘Urgencias’ llegaría a ser un actor de postín y, además, un reputado y sólido director. Es justo reconocer el trabajo de Clooney, que sale airoso de su encarnación en padre cornudo desconocedor de sus hijas: la niña rebelde y la adolescente, interpretada por Shailene Woodley, descubrimiento del filme.
Tributo al Hawaii más auténtico, al de la naturaleza más sobrecogedora pero también al turístico, al del paraíso para el golfista, y al cotidiano en la urbe. El guion, sin fisuras, nos arrastra por esta tragicomedia en la que Beau Bridges o Robert Forster se dejan caer, más a modo de cameo que para aportar profundidad a un largometraje trabajado, ameno y honesto, para disfrutar con una sonrisa torcida.
Trailer de ‘Los descendientes’
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