Crítica: ‘Skyfall’, de Sam Mendes

Sam Mendes, junto al equipo habitual de guionistas de los últimos Bond -además de John Logan-, ha dejado su impronta en un 007 especial, el del 50 aniversario, en el que Daniel Craig sigue con su ruda personificación del espía británico -más raza que elegancia- y se enfrenta a uno de los mejores villanos de la saga y, de largo, de las últimas dos décadas, interpretado por un Javier Bardem que, sin bordar el papel, se merienda a su rival del MI-6.

Otra de las novedades es que Bardem, aunque también ambiciona el mundo como sus predecesores de fechorías, tiene entre ceja y ceja acabar con M, la habitual Judi Dench, y desde luego que se esfuerza por lograrlo. Por tanto, hablar del vigésimotercer Bond es hacerlo del actor español, de su personificación del mal -un punto por debajo de la del icónico Anton Chigurh-, de su lucha sin cuartel contra el MI-6 y de su pelucón rubio platino, uno de los numerosos guiños de ‘Skyfall’ a la saga. Hasta que no aparece Bardem en pantalla, podemos decir que no hay película más allá de las típicas peleas y persecuciones de nulo guion pero trabajada coreografía, es decir, acción sin más para deleite visual.

Además, los escenarios clave resultan estar en la patria de James Bond, de modo que nos moveremos del caos generado en Londres a las tranquilas highlands escocesas en busca de los orígenes de Bond y de su relación con M, algo sobre lo que pivota el filme. Pero como la saga no termina aquí, Sam Mendes, que reduce a la mínima expresión al concepto “chica Bond”, nos regala algún que otro interrogante, como qué pasará con los personajes de Ralph Fiennes y Naomie Harris. Desde que Daniel Craig cogió el testigo, podríamos decir que ‘Skyfall’ queda entre la buena ‘Casino Royale’ y la justita ‘Quantum of Solace’.

 Tráiler ‘Skyfall’

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