Se confirma el genio. El genuino director londinense pasa con nota la reválida tras su demoledor debut, ‘Hunger’. En esta nueva historia, también en busca de los límites humanos, vuelve a contar con Michael Fassbender, actor del momento, que se come la pantalla de forma contenida, lo que le hizo merecedor de la Copa Volpi en Venecia y la nominación al Globo de Oro. Sin embargo, los Oscars le han robado la merecidísima nominación por “culpa” del sexo explícito. Bien ha hecho McQueen en no recatarse un pelo pues, al fin y al cabo, no hay otra manera de reflejar la vida de un adicto al sexo. Tras ver la película, no creo que nadie cuestione la perfecta elección de Fassbender.

Si el filme pivota sobre el personaje de Fassbender, Brandon Sullivan, no hay que olvidar a su hermana en la ficción, que desmorona su vida milimétricamente planificada y plana de afectos, interpretada por Carey Mulligan, siempre con los sentimientos a flor de piel como atestiguan sus trabajos de un 2011 que no olvidará: ‘Drive’ y ‘Nunca me abandones’.

Pero por encima de ellos o, mejor, en perfecta simbiosis se halla el gran Steve McQueen. Director minimalista con querencia por los planos largos, desnudos y sosegados que exprimen a los actores y un gusto casi insano por el dolor humano. Apareció hace tres años con la aquí inédita ‘Hunger’ y se reafirma con una obra maestra no apta para todos los espectadores, y no me refiero a la evidente clasificación por edades. McQueen busca la sordidez humana en lo cotidiano y la encuentra; fusiona sentimientos adversos y primarios y explosiona la reacción; y, para colmo, rueda unas escenas de sexo medianamente explícito que, aunque le privan del reconocimiento de Hollywood -no los únicos pero sí los más descarados-, resultan artísticas y no tan feas y realistas como las que el cine español suele regalarnos. Y de fondo una banda sonora muy resultona para rellenar los extensos planos. McQueen reinventa a Sergio Leone en el siglo XXI.

Trailer de ‘Shame’

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