Crítica: ‘Rush’, de Ron Howard

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Ron Howard se atreve con el complicado mundo de la Fórmula 1, nunca bien retratado en el celuloide, y nos lo presenta en una época “de película”, valga la licencia, en la que existía cierto margen más allá de las centésimas en las que se disputa todo en la actualidad. Un contexto que explica la coexistencia de dos genios del volante tan antagónicos: Niki Lauda y James Hunt. Y esa historia, la tantas veces vista de una rivalidad deportiva que trasciende más allá del circuito, bien merecía un largometraje a su altura. Y, aunque parezca increíble, ‘Rush’ lo consigue.

El automovilismo profesional y el cine no se llevan. Lo más decente que había salido en más de una década era la fantasmada de Sylvester Stallone sobre la Indy Car en ‘Driven’. El documental ‘Senna’, imprescindible, juega en otra liga. Y para encontrar algo bien hecho debíamos remontarnos hasta títulos ya clásicos de John Frankenheimer o ‘Las 24 horas de Le Mans’ con Steve McQueen. Pero ‘Rush’, además de destilar Fórmula 1, también hilvana una buena historia, si bien simplifica un tanto la realidad, siempre por exigencias del guion.

Quien no conozca el circo de la F1 bien puede tomar esta película como una introducción deliciosa, aunque debe hacerlo siendo consciente de que lo narrado aconteció hace cerca de cuarenta años y, en ese tiempo, la máxima competición automovilística ha evolucionado un mundo. Sirvan de ejemplo los numerosos detalles que evidencian las mejoras en seguridad. Pero es imposible no reconocer el excelente trabajo de ambientación, como la sorprendente actuación de un hasta hora reconocido exclusivamente por guaperas y musculitos Chris Hemsworth y, por supuesto, el papelón que pondrá a Daniel Brühl en boca de todos los cinéfilos y que, con suerte, arañará alguna nominación en premios de calado por su mimetización -físico incluido- con Niki Lauda.

Tráiler de ‘Rush’

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