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Robert de Niro y la mafia se deben mucho el uno al otro, siempre en un sentido muy figurado. El actor hizo carrera con papeles en ‘El padrino 2’, ‘Los intocables de Elliot Ness’ o ‘Uno de los nuestros’, y la mafia adquirió un estatus elegante del que siempre ha carecido, por mucho que John Gotti tratara de poner remedio a eso. Sin embargo, en ‘Malavita‘ asistimos a un decadente epílogo a esa comunión artístico-mafiosa tan celebrada en otros tiempos.

Robert de Niro se ríe de sí mismo -con escena autorreferencial incluida- en una parodia que ni siquiera llega al nivel de ‘Una terapia peligrosa’, y secuela, y va a la deriva desde el mismo inicio; y eso que partía de una idea interesante: la vida de un inadaptado mafioso en el programa de protección de testigos en una comunidad con la que no comparte ni el idioma. Lo que podía haber sido una suerte de versión mafiosa de ‘Bienvenidos al Norte’ se queda en un pasatiempo de acción por momentos muy indigesto.

Y pensar que Luc Besson, director de esta locura bienintencionada y sin guion, dio vida a un clásico del noir moderno como ‘El profesional (León)’… Aquí, a partir del texto de Tonino Benacquista, ni siquiera lucen intérpretes de la talla de Michelle Pfeiffer o Tommy Lee Jones. Pero lo peor es que se trata de una comedia y no tiene ni pizca de gracia ni posibilidad de sorpresa. Si acaso, cuando destila idiosincrasia mafiosa, pero no dejan de ser meros destellos.

Tráiler de ‘Malavita’

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