Crítica: ‘Laurence Anyways’, de Xavier Dolan

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El director canadiense Xavier Dolan, nuevo enfant terrible, apenas cuenta 24 años y ya está ultimando su cuarto largometraje. ‘Laurence Anyways‘, su tercera película -primera que llega a nuestros cines- confirma lo que el Festival de Cannes ha visto en él. Allí es ya un fijo en la sección Un certain regard, y por eso, y por otras muchas cosas, se ha ganado el apelativo del Almodóvar canadiense.

Comparte con el director manchego su recurrencia a la temática gay; en esta ocasión, lo que presenta Xavier Dolan es una rompedora historia de transexualidad que alcanza un improbable estatus romántico. Sin duda, se agradecen nuevos cineastas que, como Derek Cianfrance, sean capaces de dar una vuelta de tuerca al cine romántico, y hacerlo de forma embaucadora y con derroche de personalidad.

Pero también conecta con Almodóvar en transgresión y colorido -y con John Cameron Mitchell de cuya ‘Hedwig and the Angry Inch’ es difícil disociarla-, dando rienda suelta a un torrente de poderío audiovisual al alcance de muy pocos de sus colegas y que, gracias a ello, hace medianamente llevadero el gran -y casi imperdonable- error de esta cinta: su duración. Sus anteriores obras eran, precisamente, comedidas en metraje, todo lo contrario que ‘Laurence Anyways’, que corre el riesgo de sepultar un buen trabajo en la dirección bajo dos horas y media de idas y venidas tanto amorosas como de atención.

 

 Escena de ‘Laurence Anyways’

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