Crítica: ‘La vida de Adèle’, de Abdellatif Kechiche

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La película romántica de este 2013. Y, por descontado, por ser un tema aún poco explotado, la más grande historia de amor lésbico de la historia. Grande, por su resultado artístico, y grande, por su metraje. Aunque tampoco narra algo que no se haya contado antes; la diferencia estriba en cómo lo muestra Abdellatif Kechiche: amor (y sexo) desnudo, que transpira realismo. Tanto que el público tiende a ponerse nervioso cuando las escenas de cama se prolongan más de lo que se acostumbra en el cine comercial. Sería triste que, dentro de unos años, esas escenas fueran lo más recordado de una obra sutil y muy humana.

Su triunfo en Cannes fue incontestable. Palma de Oro y un premio compartido para las dos protagonistas de esta historia, Léa Seydoux y Adèle Exarchopoulos, espléndidas en sus papeles con los sentimientos a flor de piel, donde las miradas se imponen a diálogos que sirven de excusa hasta que la acción se desencadena. Mucho se ha hablado de Léa Seydoux, nueva estrella del cine francés, y su pelo azul en ‘La vida de Adèle’, pero el descubrimiento tiene nombre propio: Adèle Exarchopoulos. 

La actriz con orígenes griegos se transforma en la joven Adèle, a quien presta el nombre, y lo hace en un encomiable trabajo muy físico. Y, hay que decirlo, cuando Adèle llora, y ocurre a menudo, lo hace a moco tendido, literalmente. Tanto pone de su parte, en un personaje tan vulnerable que ha de lidiar con su sexualidad, con la sociedad y con el mundo tan opuesto que representa Léa Seydoux, que se me antoja imposible que el espectador no se ponga de su parte. Dos importante elipsis vertebran esta historia de amor, con sus encuentros y desencuentros.

No obstante todo lo dicho, ‘La vida de Adèle’ no llega a la perfección, lastrada por sus tres horas -bastante intensas, eso sí- de duración para algo que podría haberse narrado en menos tiempo. Un ejemplo: la secuencia de la fiesta en casa de Léa Seydoux, cargante por filosófica, estirada sin necesidad, que rompe el ritmo, en la que homenajea descaradamente al impresionismo. Y eso que era evidente que este filme tiene mucho de impresionista con su plausible retahíla de primeros planos, primerísimos primeros planos y planos detalle.

Tráiler de ‘La vida de Adèle’

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6 Comentarios

  1. Tere 16 noviembre, 2013 en 15:36 - Responder

    Yo al ver la película me quedé con la impresión de que esas escenas tan explícitas desvirtúan o desprestigian aquello que considero importante o poseedor de cierta profundidad. Creo que “La vida de Adèle” convierte el sexo en pornografía. Algo que es digno se banaliza y se convierte en mierda. Es indignante que el sexo lésbico haya quedado sólo en puro voyerismo y morbo despreciable de la mano de un director heterosexual sin ningún pudor. Por algo la propia autora del cómic las ha criticado tanto, y con toda la razón.

  2. Julia 16 noviembre, 2013 en 20:47 - Responder

    Yo me pregunto, y os pregunto: en una gran historia de amor clásica como por ejemplo, pongamos por caso “Los puentes de Madison” o “Casablanca”, ¿habría “necesidad” de mostrar una escena de 10 minutos con Ingrid Bergman a cuatro patas y Humphrey Bogart jadeante encima para “entender” su pasión y su amor? No, ¿verdad? ¿A que no sería necesario ni estaría justificado y nos indignaríamos si nos obligaran a creer lo contrario? ¿Entonces por qué en esta película es así?

  3. Isabel 18 noviembre, 2013 en 22:33 - Responder

    A mí la película no me ha enseñado nada; sólo sexo. Las escenas de sexo son largúísimas, demasiado explícitas y no aportan nada, salvo dejar claro que entre ellas la carnalidad les une mucho (¿cuantos orgasmos son necesarios para hacernos entender que se desean y se aman?); pero no es necesario tantos minutos que rozan lo porno, rozan pero no es porno, que quede claro. He leído por ahí a críticos consagrados decir que no, que son preciosas, que son las mejores escenas de cama que se han rodado, blablabla. Indignante. Son pornografía pura y dura y creo que no hay necesidad de que cada una dure 15 minutos porque acaba siendo incómodo. A veces lo sugerido es mucho mas intenso que lo mostrado y me parece que Kechiche se recrea en exceso con la morbidez de sus protagonistas retozando… El monotema de la película era la obsesión de la protagonista por su pareja. Nada más. Por la buena puntuación me había esperado una película con más fondo, más argumentos, no este monotema sexual. Provocación y nada nuevo. Supongo que éxito asegurado, mucho ruido, nada de nueces, insulsez (reconozcamos que la protagonista es una chica aburrida y de lo más vulgar), pero eso sí provocación y sexo, que es lo único que entienden los culturetas modernos… Qué pena.

  4. Ramón Lozano 19 noviembre, 2013 en 11:21 - Responder

    ‘La vida de Adèle’ es una película tan controvertida como se está viendo aquí. ¿Habría funcionado sin las escenas de sexo? Sí, habría sido una historia de amor lésbico muy bien contada. ¿Habría sido lo mismo? No, sin las escenas de sexo se perdería una parte importante para comprender a Adèle. Ahora bien, las escenas de cama se podrían haber recortado y creo que el efecto se habría conseguido igualmente.
    Por otro lado, creo que el mérito que tienen esas escenas es el de mostrar un sexo realista, para nada pornográfico, en línea con toda una película muy real.
    Pero al final sucede lo que me temía: ‘La vida de Adèle’ pasa a la posteridad por las largas escenas de sexo lésbico y no por la sutileza mostrada al narrar el despertar homosexual de Adèle y en la vida en pareja.

  5. G. 26 noviembre, 2013 en 13:36 - Responder

    Creo que estas escenas causan tanta indignación porque en ellas el director está lejos de ser ingenuo o esteta al haberlas rodado, sino morboso. Ni las lesbianas practicamos tan frecuentemente las tijeras (de hecho es una postura poco común y que está más presente en las fantasías heteros que en nuestras prácticas reales) ni desde luego tampoco follamos así la primera vez, como dos actrices porno que ya lo supieran hacer todo. No seamos inocentes, por favor: nuestra indignación radica en el hecho de que la mirada de este director es bastante hipócrita, porque nos quiere vender unas escenas sexuales supuestamente filmadas con realismo, belleza y sensibilidad cuando lo que vemos es pura recreación pornográfica con fines comerciales. El sexo lésbico vende, y eso el director lo sabía y por eso lo ha explotado, por eso todas las justificaciones de estas escenas nos parecen cuentos y engaños bastante perversos. De ahí nuestra indignación. Aunque quizá es difícil de comprender por el colectivo ajeno a las lesbianas… es como si hubieran cogido algo importante o valioso para nosotras y lo hubieran pervertido y convertido en algo barato y ofensivo, algo que sirviera para que el público se excitara y se regodeara vulgarmente. Nuestra indignación viene de que se haya manipulado y ninguneado el sexo lésbico por parte de un director heterosexual, y en esto tengo que darle la razón a la autora del cómic: ¿tanto habría costado contar con la opinión de alguna lesbiana durante el rodaje?

  6. Delatte 13 febrero, 2014 en 13:42 - Responder

    Pues sinceramente, para que se hagan películas lésbicas como ésta prefiero que no se haga ninguna… Mucho decir que visibilizan y normalizan pero parece que nadie ve que en realidad estamos en lo de siempre: las relaciones entre mujeres se convierten en objetos de morbo masculino y en escenitas degradantes de tetas y coños antes que en cualquier otra cosa, y eso es más un retroceso que un avance. Las propias lesbianas somos tan críticas con esta película precisamente porque nos vemos reducidas a una fantasía absurda de un hombre heterosexual, posturas ridículas y una actitud como de “vosotras tocaos hasta la extenuación que yo filmo”. Teniendo una historia tan maravillosa como la que tenía, con un temazo a desarrollar, un punto de partida estupendo en la obra original para trabajarlo y unas actrices entregadas y convincentes para darle vida, Kechiche ha malgastado sus 180 minutos de película en tijeras y cunnilingus. A “La Vida de Adèle” le falta verdad y le sobran erecciones. En su cómic, Julie Maroh quiere dar visibilidad a las dificultades con las que se encuentra un adolescente durante el proceso de aceptación de su diversidad sexual, además de presentar una historia de amor excelente, bien cuidada, respetuosa, estética. Pero la prioridad de Abdellatif Kechiche ha sido ejercer de dictador. Él quería sostener la lupa como un voyeur dándose el lujo de exigir todas sus fantasías desde el lugar más privilegiado. No nos extrañe pues que Maroh haya denominado a esta película “pornografía para mentes masculinas”.
    Y conste que en ningún momento se discute sobre no mostrar sexo en la película, de hecho es necesario y está justificado que se muestre, pero no ASÍ. El problema no es con el sexo explícito siempre que esté justificado y bien presentado, como por ejemplo sucede en el cómic. El problema es cuando se ha decidido mostrar una escena sexual larguísima con el único propósito de crear morbo gratuito y polémica. Podía haber sido una escena de sexo rodada con respeto, buen gusto, erotismo y sensibilidad y no quedarse en el puro morbo de un director tiránico que parece regodearse en las tijeras y el cunnilingus mientras filma para después querer tomar al espectador por tonto, hacerse el ingenuo y pretender venderlo como otra cosa. Eso es lo indignante. Más que una relación sincera y realista entre dos mujeres parece una fantasía pornográfica bastante tópica (e incluso ridícula por determinadas posturas) de un hombre heterosexual y obsesivo.
    Por ejemplo, una película como Nymphomaniac es bastante más honesta que ésta en cuanto a propósitos y objetivos, ya que no miente al presentarse a sí misma: “FORGET LOVE” es su frase de presentación y en ningún momento reniega de sus escenas pornográficas o de sexo explícito. Pero Kechiche hace todo lo contrario, muy hipócritamente: rueda escenas claramente pornográficas y de bastante mal gusto y nos las quiere hacer tragar no sólo como necesarias sino como demostración de la pasión más auténtica. Pues por eso yo no paso, lo siento mucho, no quiero que se me tome por idiota. Lo que ha rodado este hombre es porno, se ha recreado en él y en las actrices y ha querido hacerlo así para llenar más salas, crear más audiencia y alimentar más morbo (sobre todo el masculino).
    Si habéis leído el cómic (que os recomiendo para que veais por vosotras mismas la diferencia), comprobaréis que las escenas de sexo no tienen nada que ver. Son explícitas, sí, pero no se recrean injustificadamente ni ofrecen morbo gratuito no resultan tópicas o insultantes. Son naturales, sugerentes y estéticas. En la película no veo más que tetas bamboleantes y posturas ridículas propias de un vídeo de Youporn.

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