Crítica: ‘Holy Motors’, de Leos Carax

Película de extremos, que entusiasmará a algunos mientras otros, entre los que osen verla, la repudiarán por pretenciosa e incluso estúpida. Sin embargo, la cantidad de momentos sublimes -como el delirante episodio del cementerio- gana con creces a esos otros un tanto ridículos como ese final que tanto dará que hablar y que arriesga echar por tierra todo el trabajo anterior, poco convencional e inspirado.

Leos Carax nos regala una película triunfadora en Cannes gracias al magnetismo de sus imágenes, realmente bellas, y al enigma que encierran sus escenas parcas de palabras en las que las dotes interpretativas de Denis Lavant convergen con el sentimiento y acierto audiovisual que imprime el autor francés a la curiosa historia de Monsieur Oscar, quien recorre las calles de París en la limusina que le sirve de camerino en los momentos en que no adopta una vida ajena.

Este 2012 parece venir cargado de personajes inadaptados que residen de forma demencial en una limusina. A esta coproducción francogermana hay que añadir el ‘Cosmopolis‘ de David Cronenberg a quien Leos Carax ha imitado en aquello de rodearse de un reparto llamativo. Eva Mendes y Kylie Minogue se dejan caer por este inclasificable filme con unos personajes que van más allá del esperable cameo aunque viven a la inmensa sombra que proyecta el tour de force de Denis Lavant, un camaleón desconocido fuera de Francia. Hasta ahora.

Tráiler ‘Holy Motors’

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