Crítica: ‘Gravity’, de Alfonso Cuarón

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‘Gravity’ debuta con una escena inicial (plano secuencia) memorable y que desde ya, por derecho propio, forma parte de la historia del cine. Así, como suena. Es el anticipo de una gran película fácilmente catalogada de obra maestra por aquellos que se dejen llevar por el innegable poderío visual de esta lucha por la supervivencia que nos muestra el espacio como nunca antes, ni siquiera Kubrick, nos lo habían contado.

Tras ese deleite visual, que en 3D debe de merecer todos los céntimos de la entrada, se esconde un guion nada sobresaliente, aunque tampoco es que eso importe, y numerosas concesiones al cine de los grandes estudios cuando se enzarza en busca de la épica en plena catástrofe aeroespacial. Incluso ecos del mismísimo Terrence Malick encuentran su hueco en lo mejor -aunque no precisamente por esto- del cineasta mexicano Alfonso Cuarón.

Muy destacable el frenético ritmo que impone en su escasa hora y media que te lleva a pedir oxígeno de un modo análogo a como lo hace la protagonista, Sandra Bullock, quien se echa a la espalda el peso interpretativo en un papel tan exigente para ella como para el público, que tiene poco donde asirse más allá de su mímica y su voz durante buena parte del metraje.

George Clooney la acompaña en un papel hecho a su medida, el de un tipo graciosete con su puntillo ligón más tranquilo que Danny Ocean en una hamaca. Y eso que corre el riesgo de ir a la deriva en medio de la nada. Como colofón, la envolvente música de Steven Price, quien da el do de pecho y reclama su sitio entre la élite compositora.

Tráiler de ‘Gravity’

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