Crítica: ‘César debe morir’, de Paolo y Vittorio Taviani

La edad, y la experiencia, de los hermanos Taviani les da carta blanca para alumbrar una breve película que acaba funcionando como un documental que recoge el día a día de los preparativos de una obra de William Shakespeare que tiene la peculiaridad de representarse en el teatro de una cárcel por los propios presos, de quienes los Taviani no reniegan ni un momento al mostrarnos su identidad y sus crímenes desde el mismo inicio.

La novedad del filme reside en plasmar en la pantalla el experimento que lleva un tiempo funcionando por los centros penitenciarios italianos con notable éxito. Pero estos actores no son profesionales, sino narcotraficantes, mafiosos o asesinos, lo que conlleva algún que otro problema de temperamento en los ensayos. Por algo habitan la sección de alta seguridad de la cárcel romana de Rebibbia.

Ese atisbo de humanidad en semejante entorno es el que utilizan Paolo y Vittorio Taviani para esta suerte de experimento social, no muy lejos del dicho de que la música amansa a las fieras, que transforma a sus protagonistas al confrontar las opciones que la ficción les aporta para dejar volar su imaginación, para huir mentalmente, para realizarse, hasta para romper la monotonía, y la soledad de sus celdas. Solo algo de música bien escogida adereza esta tragedia tan desnuda de artificios que parece increíble que se haya colado en nuestra cartelera a pesar del aval del éxito cosechado en Berlín.

Tráiler ‘César debe morir’

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