Crítica: ‘Argo’, de Ben Affleck

¿Se acuerdan de aquel actor, amigo de Matt Damon, cuyo único mérito, aparte de escribir ‘El indomable Will Hunting’, era el de ser guapete? Pues ahora resulta que sabe actuar bien, que algo se le ha pegado de sus buenas artes como director, porque hay que reconocer lo evidente: Ben Affleck es un más que sólido cineasta. Debutó con ‘Adiós pequeña, adiós’, otra buena adaptación de una novela de Dennis Lehane; continuó con ‘The Town’, con claras referencias a clásicos del género de atracadores, sin desmerecer en absoluto; y ahora se posiciona en todas las quinielas para los Oscar con este drama con espías de por medio.

‘Argo’ lo tiene casi todo para gustar. Solo puede achacársele cierta condescendencia con el espectador y algún artificio palomitero para prolongar la tensión. En cuanto al resto, cumple con creces. Para empezar, la historia, muy bien llevada, en continuo avance, sin pausas, para que experimentemos un creciente desasosiego que nos ayude a empatizar con los seis americanos que quedaron bajo el cobijo del embajador canadiense en Irán tras la Revolución Islámica de Jomeini.

El plantel de actores también se gana un reconocimiento. Varios de sus secundarios optan a la temporada de premios. Bryan Cranston y Alan Arkin son dos de ellos. Pero este trabajo, que puede suponer la consagración definitiva de Ben Affleck -tras la cámara-, no sería tan redondo sin esa atmósfera envolvente en la que el espionaje queda a merced del potente drama humano que esconden conflictos diplomáticos de este pelaje.

Tráiler ‘Argo

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