Crítica: ‘El lado bueno de las cosas’, de David O. Russell

¿Qué vieron en Toronto para encumbrar esta película como la mejor del festival? ¿Y los Oscars para ser la tercera con más nominaciones? No lo sé, más allá de una buenas interpretaciones en las que sobresale Jennifer Lawrence, que tras Winter’s Bone ya no es ninguna sorpresa. Sorprendentes sí son las prestaciones de Bradley Cooper, que parece que intenta despegarse de su imagen de guaperas apto para papeles sin carga dramática -en la línea de Matthew McConaughey, aunque sin apostar tan fuerte-, y de Robert de Niro, más entonado y comedido de lo que nos tenía acostumbrado en, por ejemplo, la última década, aun a riesgo de quedarme corto.

La admiración que despierta el controvertido y temperamental director David O. Russell puede estar detrás de este trato de favor que ha recibido ‘El lado bueno de las cosas’, inferior a ‘The Fighter’, que cuenta con un guion muy interesante, vertiginoso, simpático, que nos sumerge de lleno en un mundo de desequilibrios más emocionales que mentales y en la estupidez supersticiosa con forma de apuesta deportiva. Pero, ¿qué falla?

Es difícil saberlo, pues la dirección es notable. Quizás sea su falta de originalidad, su previsibilidad, que todo lo que David O. Russell nos muestra en pantalla no nos parezca novedoso, sino una clásica historia romántica con algún aderezo cómico. Ni forja escenas de las que se quedan grabadas en la retina, ni su secuencia del baile resiste la comparación con la de John Travolta y Uma Thurman con la que comparte un evidente parecido en algunos planos.

Tráiler ‘El lado bueno de las cosas’

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