Crítica: ‘Amor y letras’, de Josh Radnor

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Josh Radnor, prota de ‘Cómo conocí a vuestra madre’ se asienta como director en ese subgénero del cine independiente que tan bien y característicamente enarbola la bandera indie, ese cine desenfadado, juvenil, con escolares o universitarios de por medio, por lo general, que deambula entre el retrato generacional y la comedia y que tantos exponentes encontramos, desde el particularísimo Wes Anderson de ‘Academia Rushmore’ a la última e imprescindible ‘Moonrise Kingdom’ hasta Zach Braff, también curtido en televisión, los hermanos Duplass, Tom McCarthy o Lynn Shelton, por citar varios.

Josh Radnor se erige en protagonista, en un joven de treinta y cinco que regresa a su alma mater y descubre que la edad no pasa en balde y esa diferencia generacional es la que altera su mundo, empeñado en no crecer, en ser eternamente joven -idea nada novedosa desde tiempos de Peter Pan, prácticamente-, a la vez que intima con Elizabeth Olsen, en la película 16 años más joven que él, lo que termina de poner patas arriba su mundo sin complicaciones. Richard Jenkins también se les une, para redondear su imagen de cine independiente.

El revestimiento de pedantería literaria que se contrapone a la insensatez y fiestera vida de los universitarios del momento no hacen más que ahondar en esa autoconsciencia de cine apartado de Hollywood dedicado a un público muy concreto que cree reconocer situaciones de su propia vida en este tipo de películas donde la justicia poética del final es casi una máxima.

Tráiler de ‘Amor y letras’

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